En esta conversación de la Universidad del Futuro, Madza Ednir, Roberto Palacios, Helen Mancera, Maín Suaza y Andrés Fonseca analizan el complejo panorama político actual, marcado por el odio, el miedo, el resentimiento y el ascenso de nuevas derechas.
miércoles, 17 de junio de 2026
jueves, 14 de mayo de 2026
Jugar como gesto político y existencial
Una persona creativa no es aquella que logra dominar y controlar el mundo, sino la que puede jugar dentro del mundo sin quedar totalmente capturada por sus lógicas y reglas. La creatividad nace de la apertura, de conservar la curiosidad, el deseo y la capacidad de improvisar aun en medio de la incertidumbre y la imperfección.
Siguiendo a Donald Winnicott, el juego no es un suplemento decorativo de la existencia, sino el espacio donde el ser humano puede habitarse de manera más plena. Sólo jugando el individuo compromete zonas amplias de su personalidad, arriesga nuevas formas de relación y suspende, aunque sea momentáneamente, las identidades rígidas que la vida social impone. Jugar es ensayar otras posibilidades de ser.
Por eso las crisis de sentido no provienen únicamente del sufrimiento, sino también de la imposibilidad de jugar. Cuando la vida queda reducida a productividad, rendimiento y adaptación, la singularidad se marchita. Dejamos de imaginar, de proyectar, de simbolizar. Y una existencia incapaz de jugar termina administrándose a sí misma como una máquina agotada.
Sin embargo, no todo juego libera. También existen juegos degradados, juegos capturados por la lógica del consumo, la competencia narcisista o la gamificación permanente del capitalismo contemporáneo. Allí el juego deja de abrir mundos y comienza a administrar dopamina, atención y obediencia. La diferencia decisiva no está entre jugar y no jugar, sino entre un juego vivo que expande la experiencia (y dan más ganas de seguir jugando y viviendo) y un entretenimiento pasivo que anestesia el deseo.
Nuestra época parece organizada precisamente alrededor de la captura de la atención. Sistemas enteros disputan nuestra energía psíquica y convierten el deseo en mercancía; nos mantenemos sobreexpuestos, hiperconectados y, paradójicamente, cada vez más desvinculados de una experiencia compartida del mundo. La incapacidad de sostener el aburrimiento, el vacío o el malestar elimina también la posibilidad de transformación, porque son esas grietas las que muchas veces despiertan movimiento, pensamiento y agencia.
Jugar puede entenderse como un gesto político y existencial, una reapropiación del cuerpo, del tiempo y de la imaginación. Una sociedad que pierde la capacidad de jugar no sólo pierde entretenimiento; pierde plasticidad simbólica, sensibilidad ética y horizonte de futuro. Allí donde ya no hay juego, la vida comienza lentamente a volverse administrable, predecible y espiritualmente estéril.
lunes, 19 de enero de 2026
La trenza de la gitana
Éxtasis
Al pensar en una experiencia significativa, lo primero que emerge es el instante en que te conocí hace ya más de quince años. Recordarlo me estremece, narrarlo es volver a enamorarme, regresar al origen, al presente, tocar el hilo mágico y secreto que ha tejido nuestras transformaciones.
Era el inicio del 2010 y yo acababa de cerrar la maestría en educación y caminaba en búsqueda en Bogotá de trabajos desafiantes en arte, educación, tecnología y espacios que me permitieran profundizar en los hallazgos encontrados en mi investigación. Fue entonces cuando apareció un proyecto breve e intenso —Arte y Ciencia para la convivencia— desarrollado por Maloka y sin saberlo, también apareciste tú.
En medio de jóvenes diversos y talentosos que provenían del arte, la ciencia y las humanidades y de intentar poner en juego metodologías de creación colectiva, tu presencia irrumpió como música. Un día te presentaste cantando bullerengue: palmas, ritmo, sensualidad y cuerpo vibrante. Algo quedó vibrando en mí desde entonces, no fue solo tu belleza —era tu manera de estar y ser— como si trajeras contigo, como una estela bioluminiscente, una memoria antigua que mi cuerpo reconocía antes que mi pensamiento.
Yo venía de una vida dispersa y sin promesas. Pero contigo ocurrió algo distinto: una electricidad serena y un pálpito de no saber, una cercanía que no exigía palabras. Bastaban los encuentros breves, una mirada sostenida, un gesto mínimo, un beso esquiniado, para sentir que algo comenzaba a estremecerme como nunca lo había sentido. Había allí una alegría contenida, un presentimiento, como si el amor, antes de decir su nombre, ya estuviera ensayando su forma.
Fisura
El tiempo —que no irrumpe como tragedia sino como maestro— fue mostrando otras capas del amor. El resplandor del instante inaugural dio paso a un territorio más complejo, el de la convivencia. Allí el vínculo dejó de sostenerse en la intensidad y empezó a revelarse en lo pequeño, los gestos cotidianos, los desacuerdos sutiles y aquello que no sabíamos aún cómo nombrar.
Aparecieron zonas imprevistas, sombras, silencios heredados, miedos antiguos, historias que no pedían explicación sino cuidado. Comprendimos que no todo lo que dolía nacía del otro, y que muchas veces amar no consistía en resolver, sino en no herir más. Fue entonces cuando el amor dejó de ser refugio y se volvió práctica, empezó a implicar descenso, bajar la voz, soltar la razón, escuchar incluso cuando dolía. Hubo momentos sin claridad ni acuerdo, pero persistió el gesto —frágil y obstinado— de no soltar el lazo y la conexión.
Con el tiempo entendí que el amor no es solo un acontecimiento o una emoción extática, sino una forma de permanecer en medio del cambio. Acompañar las mutaciones del otro —y las propias— nos exigió habitar el desajuste, el cansancio, la duda, las crisis y la pérdida de sentido. Allí el vínculo dejó de prometer plenitud y comenzó a ofrecer algo más honesto, la posibilidad de crecer sin negar la fragilidad.
Aprendí que el relámpago inicial no se conserva repitiéndolo, sino volviendo a mirarlo. A veces, en la quietud de la casa compartida, en el valle del amor —alrededor del fuego, del vino, de la memoria, de las caricias— regresamos a ese origen no para idealizarlo, sino para recordar por qué elegimos cuidarnos.
Comprendí también que el daño no nace del conflicto, sino del silencio acumulado. Que lo no dicho, cuando se posterga, termina estallando con una violencia que no le pertenece. Por eso el amor empezó a exigirme otro lenguaje, menos urgencia por tener razón y más coraje para escuchar y decir la verdad con ternura.
Así el vínculo fue revelando su condición postrágica: no evitar el dolor, sino integrarlo; no negar las tormentas, sino atravesarlas sin arrasar el terreno común. Amar dejó de ser promesa de armonía para volverse ética del cuidado, una manera de sostenernos cuando la vida ya no ofrece garantías.
Permanencia
Después de quince años —con idas y venidas, con momentos de cercanía y otros de extravío— empiezo a comprender la importancia de tenerte como compañera de vida, de los ciclos que hemos vivido y a los que hemos despertado. No como certeza, sino como camino que se vuelve a elegir.
Aprendimos a cuidarnos con ternura, y también con cierta firmeza. A atender los detalles, asumir riesgos juntos, a entender que el amor no es ciego: habita lo pequeño, lo cotidiano, el modo en que compartimos el tiempo, el espacio y los silencios. A veces basta un gesto mínimo para volver a encontrarnos.
En los conflictos hemos ido aprendiendo —no siempre bien, no siempre a tiempo— a conversar distinto. A reconocer nuestras violencias, a no quedarnos demasiado en el orgullo. Permanecer dejó de ser aguantar, se volvió decisión, una elección frágil, renovada e imperfecta.
Este amor ha sido tierra. No siempre fértil, no siempre amable, pero tierra al fin. Allí han crecido frutos visibles y otros que apenas sabemos nombrar: una casa en la montaña, la familia, los viajes, trabajos maravillosos, el aprendizaje de estar juntos sin fundirnos y el cantar y hacer música para endulzar los momentos. A tu lado he aprendido que amar no es coincidir, sino acompañar. Que no se trata de completarnos, sino de caminar con lo que falta. Que incluso el desencuentro puede volverse lenguaje si se le ofrece tiempo.
No sé del todo qué forma tendrá lo que sigue. Quiero vivir esta vida y las otras contigo. A veces avanzamos con claridad, otras apenas con intuición. Pero seguimos trenzando —como quien enlaza cabellos al viento— sabiendo que el amor no se sostiene por la perfección, sino por el gesto persistente de volver a estar.
Y eso, por ahora, basta.
Te amo infinito
jueves, 20 de noviembre de 2025
Semillero de Arte, Comunicación y Cultura del CEPAZ-UPN
El Semillero de Arte, Comunicación y Cultura de Paz del CEPAZ-UPN, inició sus actividades el segundo semestre de 2025 mediante encuentros semanales en los que fue tomando forma una comunidad de aprendizaje sensible, reflexiva y creativa. Para orientar el proceso compartí un ensayo a modo de ruta tentativa de formación que situó los objetivos, los enfoques y el horizonte ético–político del semillero. Este documento inicial fue enriquecido con las voces de los participantes y terminó convirtiéndose en una brújula para las experiencias que seguirían.
A lo largo del semestre vivimos experiencias sensibles en torno a la paz, construidas por los estudiantes y orientadas a explorar sus dimensiones afectivas, corporales y narrativas. Estos ejercicios abrieron conversaciones profundas y permitieron reconocer las inclinaciones, deseos y necesidades del grupo, así como los modos en que cada quien se acerca al arte, la escucha y la transformación social.
El Semillero participó también en el Encuentro Distrital de Semilleros de Paz, realizado en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, que convocó a grupos provenientes de diversas instituciones universitarias de Bogotá. Allí presentamos un póster que relataba el taller realizado por los estudiantes en el marco del curso Narrativas Sonoras para la Paz con personas víctimas del conflicto armado.
El grupo también diseñó y facilitó un taller en el curso de Narrativas Sonoras para la Paz, dirigido a personas víctimas del conflicto armado. En este espacio profundizamos en la relación entre cuerpo, arte y escucha, investigando cómo el sonido puede abrir caminos de reparación simbólica y de memoria compartida.
En las últimas sesiones del año empezamos la proyección de una investigación-creación para 2026, orientada a diseñar prácticas artísticas colaborativas entre estudiantes del semillero del CEPAZ, jóvenes de 2 colegios de Bogotá y personas privadas de la libertad en Sincelejo a través de la Corporación Universitaria del Caribe – CECAR y a través de la colectiva mal rebaño en la Cárcel Buen Pastor (Bogotá). Esta apuesta abre un camino para conectar con movimientos sociales, colectivas que trabajan en cárceles y profundizar en pedagogías sociales, prácticas restaurativas y experiencias artísticas que articulen educación, justicia y transformación social.
sábado, 15 de noviembre de 2025
Sobre los roles y arquetipos
ROLES
Los roles, según el enfoque psicosocial de Pichón Riviere, son funciones existenciales evolutivas: cambian con el tiempo, la edad y el grupo social al que pertenecemos. Son modos en que el alma se vuelve funcional y un regalo para una comunidad; representan formas encarnadas, estilos de vida, funciones que sostienen la experiencia de estar juntos, predisposiciones, actitudes e inclinaciones que emergen en la interacción. Desde una perspectiva filosófica y psicoanalítica —más cercana a Carl Jung y Alexander Bard— los arquetipos pueden entenderse como funciones existenciales simbólicas, condensaciones míticas de una energía, una disposición y una manera profunda de ser.
Cada rol y cada arquetipo está hecho de los dones que traemos al mundo, y la comunidad es el lugar donde esos dones encuentran su cauce, su resonancia y su mezcla. Si bien podemos desempeñar múltiples roles, siempre habrá algunos que emergen con mayor espontaneidad, aquellos que se nos dan con facilidad, fluidez y gozo, y otros que realizamos con mayor esfuerzo o que sólo aparecen en ciertas circunstancias.
Un buen líder o maestro —un genuino creador de comunidades— sabe integrar la heterogeneidad de roles y arquetipos en una tarea común. Reconoce que cada rol es una expresión singular del alma colectiva y comprende que las funciones no son posiciones fijas, sino movimientos, energías que se activan o se retraen según las necesidades del grupo.
Si queremos reconocer nuestro arquetipo principal, es decir, descubrir nuestro rol protagónico, es indispensable ponernos en relación con otros. Igualmente, si queremos comprender nuestra masculinidad y deconstruirla y reconstruirla en sus matices y contradicciones, debemos situarnos entre hombres: allí aparece lo que rechazamos, lo que nos espeja, lo que nos duele, los arquetipos inspiradores en personas mayores y lo que intuimos como nuestro rol fundamental. Es en comunidad y entre diferentes donde el arquetipo, con sus luces y sombras, queda expuesto.
LOS 4 ROLES PRINCIPALES (Según Pichón Riviere)
Según la teoría del Grupo Operativo de Pichón Riviere, los cuatro roles principales funcionan como órganos simbólicos de la comunidad. Estos roles no son personas: son funciones simbólicas y si bien el texto describe 4 roles paradigmáticos, sabemos que las variantes pueden ser innumerables.
1. Líder → Ordena, orienta, sintetiza, vehiculiza la tarea.
2. Portavoz → Expresa lo que el grupo aún no puede decir.
3. Chivo emisario → Recibe las proyecciones, carga lo que el grupo no integra.
4. Saboteador / Opositor → Introduce lo que falta, la crítica necesaria, la tensión que permite movimiento.
ROLES EN CADA TIEMPO DE LA VIDA
En la infancia exploramos múltiples roles: el niño juega a ser líder, explorador, saboteador, narrador, héroe o fugitivo. La infancia es un laboratorio de la subjetividad, un espacio para ensayar formas, crear mundos posibles y expandirnos en muchas direcciones. La adolescencia amplía esa exploración y la vuelve pública: los roles empiezan a convertirse en símbolos identitarios, aún con gran plasticidad. Podemos pasar de poeta a rebelde, de rockero a salsero, de punk a hippie, de guía y líder social a ermitaño. En la adultez, la institucionalización del tiempo —trabajo, rutinas, productividad— y la contractualización de relaciones tiende a congelar la plasticidad. Muchos adultos quedan encerrados en unos pocos roles fijos: el que exige el trabajo, el que demanda la familia, el que aprendieron a sostener por repetición. La precariedad de espacios comunitarios de aprendizaje y la falta de escenarios de apoyo mutuo y de creación colectiva reducen las posibilidades de movimiento y transformación. Sin comunidad, el adulto queda atrapado en identidades rígidas.
Por el contrario, en espacios de pertenencia, contención y amistad entretejidos, los roles vuelven a circular y la vida recupera su plasticidad.
LOS 7 ROLES SEGÚN SHAKESPEARE
Shakespeare describe en algunas obras “los siete roles” consecutivos que juega el ser humano a lo largo de su vida: el Infante, el Estudiante, el Amante, el Guerrero, el Juez, el Payaso y el Segundo Infante. Arquetipos que se repiten a lo largo de la historia humana.
En mí habitan múltiples roles que despiertan, se transforman y a veces mueren a lo largo de mis ciclos vitales. Lo he comprendido con los años, cuando un rol muere, no desaparece del todo; lo que muere es el cuerpo que lo contenía. El arquetipo —esa forma profunda— reencarna más adelante en un nuevo gesto, un nuevo cuerpo, una nueva versión de mí. Así vuelve a la vida.
El Infante fue el primero: ese que aún vive en mí explorando el mundo con la curiosidad que creció gracias a quienes me cuidaron y a la cultura que moldeó mis valores y horizontes. Volver a mi infancia es historizar cada uno de estos roles, recordar las experiencias que me marcaron, mis miedos y mis asombros.
Recuerdo a los diez años, en una prueba de natación, lanzándome para flotar en una piscina de más de cinco metros. Algo en mí emergió con fuerza. Ese arquetipo del que se atreve murió y renació muchas veces después. También recuerdo la envidia hacia mi hermana recién nacida, que me llevó a inventar excusas para reclamar atención, y la torpeza del truco de magia que terminó en hospitalización: cada experiencia fue un rito de paso, una muerte y una reencarnación del arquetipo.
Luego aparecen mi Estudiante, mi Amante, mi Guerrero, mi Payaso y mi Juez, hasta que finalmente surge el Segundo Infante, una segunda adolescencia donde todo puede recomenzar, donde la vida nos ofrece nuevos comienzos.
Comprender los roles y arquetipos no es un ejercicio teórico, sino una práctica espiritual y comunitaria: una forma de honrar lo que el alma quiere ofrecer y lo que la comunidad necesita recibir. Cada rol es un regalo que no nos pertenece del todo; somos su estación de paso, el cuerpo donde toma forma durante un tiempo. Luego, cuando su ciclo termina, el arquetipo sigue su viaje y se reencarna en otros cuerpos, otras edades, otras historias.
La vida se convierte en un tejido donde mis distintas versiones dialogan entre sí. Cada uno llega con un don y se retira con una enseñanza. Es en comunidad donde esas transformaciones se vuelven más nítidas, más vivas y más fecundas.
Quizá ese sea el gesto más humano: reconocer que estamos hechos de múltiples vidas dentro de una sola, de muertes pequeñas que abren caminos, de arquetipos que viajan a través de nosotros como mensajeros de algo más grande que nuestra biografía. Cada muerte simbólica es un regalo de la vida misma: una invitación a encarnar de nuevo, a renovarnos y a ofrecer a la comunidad otra forma de nuestro alma.
Porque, al final, los roles y arquetipos no son solo herramientas para comprendernos: son los regalos que traemos para compartir, los modos en que contribuimos al mundo y las formas en que dejamos huella en los otros. Lo que permanece no es el personaje, sino el gesto; no es la identidad, sino la energía; no es el cuerpo del rol, sino el arquetipo que, una y otra vez, encuentra en nosotros un lugar para volver a nacer.
Bonus track.
Se habla mucho del buen vivir, pero poco del buen morir. Tanto unos como otros necesitan estar acompañados de rituales de iniciación y de paso, de transición, rituales para acompañar nuestras propias muertes y renacimientos, los ciclos como lidiamos con la pérdida y la falta. Necesitamos acompañar las generaciones presentes y futuras a lidiar con sus propios límites existenciales ante la inquietante presencia de fuerzas como la necesidad, el deseo, el poder, la finitud, la incertidumbre y el ocaso del significado. Esta ignorancia de la población en abordar estas realidades es algo que para mi resulta importante de profundizar y que resuena por estos días….porque como sociedad necesitamos mejores herramientas, rituales y espacios para el buen morir y confrontamos con la pérdida. Es quizá parte de los bienes comunes que necesitamos cuidar y recoger inspirándonos de las sabidurías, espiritualidades, místicas, religiones para aprender a morir bien… a dejar una parte de nosotros y dejar un rol que se nos ha asignado como sociedad… Espacios para limpiar, afinar la brújula y el propósito, sanar y transformar e intentar comprender nuestras apocalipsis y revelaciones.
La pregunta que me queda entonces es ¿Cómo podemos aprender a morir bien —a soltar lo que ya cumplió su ciclo, a dejar roles, máscaras e identidades— para renacer más conscientes y profundamente conectados con nosotros mismos, la vida y con la comunidades a las que pertenecemos?
martes, 14 de octubre de 2025
Podcast (#1) Semillero Arte, Comunicación y Culturas de paz
Bienvenidos al primer programa radiofónico del Semillero Arte, Comunicación y Culturas de Paz (del Centro de la Educación para la paz, la Memoria y los Derechos Humanos CEPAZ), un espacio de creación y reflexión colectiva conformado por estudiantes de distintos programas de la Universidad Pedagógica Nacional: Licenciatura en Educación Comunitaria, Artes Escénicas, Ciencias Sociales, Artes Visuales y la Maestría en Tecnologías de la Información Aplicadas a la Educación...
Este primer episodio entreteje historias, meditaciones y conversaciones sobre la paz, junto con entrevistas a participantes del programa Artes para la Construcción de Paz —coordinado por la Universidad Pedagógica Nacional—. También incluye canciones dedicadas a la memoria y la dignidad, experiencias compartidas por los integrantes del semillero durante este semestre, y un juego de cartas que invita a explorar preguntas y abrir diálogos sobre temas complejos.
Agradecimientos especiales a:
Estudiantes Semillero Arte, Comunicación y Culturas de Paz (Cepaz- UPN)
- Brayan Beltrán - Edición Audio.
- Daniel Ramírez y Lina María González: Locución y Meditación sobre la paz.
- Natalia López: Voz y guión radioteatro.
- Alejandro Vaca y Mauricio Farfán: construcción de historias...
- y Gabriela Ruiz: Locución y experiencia de juego.
Música seleccionada:
- “Tranquilidad” – Emilsen Pacheco
- “Inmigrante en mi tierra” – Naimad B
- “Tiempos de guerra” – Samurai
Poesía: Nancy Serna (Artista formadora de Girardota Antioquia participante en el programa Artes para la Construcción de Paz)
Entrevista: Diana Rodríguez (Coordinadora pedagógica Programa Artes para la Construcción de Paz)
martes, 9 de septiembre de 2025
Qué significa hoy para mí la política?
Hacer política hoy es resistir a la crueldad.
Es recordar que aún existe imaginación,
y que en las contradicciones
se enciende la fuerza
para desobedecer
y para crear mundos.
¿Dónde habita hoy la política?
En las grietas, en los márgenes,
en los umbrales y los ecosistemas locales,...
En acuerdos frágiles.
En los colectivos y organizaciones improbables.
En comunidades e instituciones que inventan lo que aún no existe.
Civilidad no es consenso.
Es sostener el conflicto sin volverlo guerra.
Es habitar la pluralidad sin anestesia.
Es atreverse a inventar prácticas sociales nuevas.
No necesitamos mesías.
No necesitamos paraísos perfectos.
Precisamos movimientos que transformen instituciones.
No cambiar nombres, sino arquitecturas.
Espacios donde la vida común no se reduzca a administrar conflictos,
sino a sostenerlos, incluso en la escasez de tiempo y recursos.
La política que huye del diálogo es propaganda.
Necesitamos conversación.
Escucha.
Confrontación sin trincheras.
La dialéctica,
como arte de la re-existencia.
Pensar con los otros.
Pensar contra los otros.
Para seguir juntos,
incluso en el juego.
Utopía no es un paraíso lejano.
Utopía es abrir ondas y tiempos en el presente.
paracaminar juntos
y ensayar nuevas formas de vida.
viernes, 5 de septiembre de 2025
El arte de escuchar lo incómodo
Quisiera empezar contándoles
qué significa, para mí,
escuchar lo incómodo.
A veces se parece a unos zapatos
que aprietan y no dejan caminar con soltura.
O como cuando se cae un botón del pantalón
y uno queda, de repente, expuesto,
Me cuesta escuchar mis carencias,
aquello en lo que no soy tan bueno.
Difícil prestar oído cuando mis nervios se tensan,
cuando quiero salir ganando en una conversación.
A veces me cuesta escuchar
incluso el aliento trágico del mundo:
prefiero dibujarlo, darle otra forma.
Me cansa tanto ruido y falsedad,
cuando nadie se escucha de verdad.
Me agota ver cómo personas con privilegios
se instalan en el lugar de las víctimas.
Me dificulta a veces conversar con quienes piensan diametralmente
opuesto a mí…
aunque a veces lo intento,
trato de adivinar de qué canción vienen
e improvisar una melodía común.
Escuchar lo incómodo
es ese roce con lo que nos incomoda del otro y de nosotros mismos.
Es dejarse tocar por lo que no quisiéramos oír.
Y sin embargo, ahí está la semilla
de algo más profundo:
la posibilidad de crecer, de moverse de lugar,
de abrir una narrativa distinta.
Evidentemente, lo incómodo nos enfrenta
con nuestras sombras, con lo que escondemos, con lo que negamos;
nos confronta con nuestras heridas,
con la violencia acumulada,
con las contradicciones que llevamos a cuestas.
Escucharlas no es sencillo:
nos desarman, nos descentran,
nos invitan a entrar en un territorio sin mapa,
un espacio de pura fertilidad,
como crece la semilla en tierra oscura.
Y aunque estas ideas son patrones universales,
también la escucha difícil se cuela en mi vida cotidiana.
Hace poco, pensando en esto, sentí
que muchas cosas que me incomoda escuchar
tienen que ver con momentos de fragilidad personal:
cuando no estoy bien económicamente,
cuando no tengo tiempo,
al aceptar mis propias limitaciones,
cuando pierdo la vitalidad,
cuando me reducen a una escena, a un rol,
cuando me dicen que nada se puede hacer.
Me afecta escuchar a alguien hablar con superioridad moral,
decirle al otro qué está bien y qué está mal.
Me conflictúa la narrativa de “nosotros los buenos y ellos los malos”,
eso me da un escozor profundo,
como si una corriente fría recorriera mi espalda
y me recordara que la incomodidad no siempre se puede evitar,
que mirar lo que duele es también mirar quién soy.
Me cuesta encarar los conflictos en mis relaciones.
Acoger el llanto.
Me incomodan las mentiras, las tensiones, la hipocresía.
Me dan ganas de aislarme.
He notado mi manera evasiva de asumir lo complicado,
y confieso que quisiera cambiarlo.
He venido aprendiendo
la importancia de escuchar lo incómodo
no como un castigo, sino como un arte.
Un arte que nos conecta con nuestra vulnerabilidad,
con lo más humano,
y así descubrirnos que estamos vivos.
Escuchar lo incómodo
es abrir una grieta en la pared, en el vacío,
en ese espacio de tartamudear.
Nos vuelve más frágiles, sí,
pero también más reales.
Quiero encontrar dulzura
en este ardor que estoy sintiendo,
en saber que para estar con el dolor,
necesito del Eros
que trae mis palabras y mis silencios.
viernes, 20 de junio de 2025
Juegos en el diálogo de Arte, Ética y Política (I-2025)
Este semestre (I-2025), los estudiantes del diálogo Arte, Ética y Política de la Maestría Arte, Educación y Cultura, realizaron 3 juegos diseñados colectivamente que además de lo maravillosos y creativos que quedaron, entregaron mucho entusiasmo en su realización. Los juegos en su mayoría abordan emociones, situaciones políticas y temas tabúes y complejos de tratar y donde a partir del arte, la narrativa, la creación colectiva y la improvisación se definen una serie de retos para ser jugados.
Caleidoscopio político, juego que aborda a través de un ruleta dividida en 4 emociones, (miedo, resentimiento, asco y amor), discursos políticos, crisis sociales, experiencias personales y situaciones mediáticas reales o ficticias. El juego comienza organizando dos o 3 equipos de igual número de jugadores; el jugador inicia moviendo la ruleta para determinar la emoción con que jugará la ronda y el color de la tarjeta (rojo, azul, verde y amarillo). Saca una tarjeta de color del mazo para obtener el contexto o hecho político a interpretar. Posteriormente debe lazar un dado para definir la acción que le corresponde realizar. Tiene 4 minutos para realizar la acción: mímica, escultura humana, dibujo ciego, construcción con objetos, producción literaria, expresión libre.
Juego recomendado para mayores de 16 años y creado por Vanessa Zea, Angie Leal, René Pineda, Alejandra Quiñones, Diana Nuñez y Cindy Mar Cifuentes.
Más-caras: tus emociones a prueba, juego de cartas que explora temas como las paradojas, tabúes y lo sombrío a través de experiencias artísticas y retos éticos y políticos que desafían a los jugadores. Durante el juego cada participante elije un rol que pondrá a prueba la empatía. El juego contiene cartas de reto que le ayudarán a orientarse y contiene dilemas éticos, invitaciones a compartir experiencias artísticas y sensoriales.
Mínimo dos jugadores y máximo 6; contiene 54 cartas, las cuales 6 corresponden a los roles y 47 a cartas que dinamizan la partida. El reloj de arena contabilizará el tiempo. Las cartas que dinamizan el juego tienen unos temas que son: amor, muerte, política y ecología.
Creado por Eva Cuervo, Nicolás Escobar, Juana Flórez, Lina Fernanda Pérez, Victoria Ramírez, Sebastián Ravelo, Miguel Sarmiento y Victoria Inés Mcnish
La escalera del destino, es un juego de mesa tipo escalera, en el que el participante lanza el dado y avanza el número de casillas correspondientes, si cae en una casilla especial, toma una carta del mazo indicado y sigue sus instrucciones. El jugador debe resolver el reto antes de pasar el turno. Si otro participante no está de acuerdo con la interpretación el grupo puede debatir y decidir en conjunto. Los tipos de cartas son Rituales (conexión con lo sensorial y lo desconocido) Dilemas ( preguntas profundas que te hacen reflexionar y tomar decisiones), Caos (eventos inesperados que pueden alterar las reglas de juego para bien o para mal) y Creación (retos artísticos y narrativos que te invitan a imaginar y expresarte)
El primer jugador en llegar a la casilla de destino, debe responder una última pregunta o desafío elegido por los demás jugadores, solo si lo supera, el viaje habrá concluido con éxito. En este juego, el destino no es solo llegar, sino la historia que escribes en el camino. Este juego fue creado por Yenny Yañez.
sábado, 7 de junio de 2025
Mi historia con la radio o el relato de un alma en resonancia
En los albores de mi infancia en Cali, cuando el tiempo era murmullo y juego y la vida se abría ebria en aromas a mango y chontaduro, resonaba en mi casa las voces encendidas de los narradores de fútbol. Eran transmisiones radiales que una mujer joven ponía a todo volumen mientras hacía oficio. La casa vibraba con la pasión de los diablos rojos en su época de oro cuando jugaba Gareca, Falcioni, alternábamos con el juego callejero del metegol y en una Navidad a finales de los ochenta, recuerdo que ya empezaba a lucir las pantalonetas apretadas del Pipa de Ávila, que me hacía encarnar la agilidad del 7, la velocidad del relámpago y la finta imaginaria.
En esta experiencia que les cuento, el fútbol se abrió primero como escucha sonora y luego como deporte practicado con intensidad al final de mi bachillerato en los andenes en el Olímplico y más disciplinadamente en Ferroclub. Pienso ahora que la radio tuvo que ver mucho en mi iniciación al fútbol, pasé a ser fan de “la mechita” y luego volante de creación y central en la 1C en la Universidad Nacional de Colombia y del equipo Once Caldas. Por poco me convierto en futbolista profesional, pero el asombro, la curiosidad, el arte, la filosofía y la pasión por la patafísica y el conocer me jalaron a la Universidad.
Los sonidos del mundo natural también tejieron su urdimbre en mí y orquestaron mi forma de ser: los pájaros, los grillos, las cucarachas, el sonido de los chiminangos, las aguas del Río Pance, el parque de la Caña como escenario de juego y asombro, la música de Henry Fiol y el Grupo Niche, Ismael Rivera, Fruko y sus tesos, los Latin Brothers, Héctor Lavoe, La selecta, Oscar de León, La Fania, Guayacán, El Gran Combo… eran los músicos que surcaban por los barrios de Cali día a día.
A principios de los años noventa nos trasladamos a Pereira, y allí, como un niño transitando hacia su adolescencia descubrí la magia de una grabadora con una larga y espigada antena. El ritual nocturno consistía en pararme sobre la cama y, cual chamán, buscaba frecuencias lejanas, emisoras de otros países, voces ajenas que llegaban como murmullos de estrellas. A veces, entre la estática, se colaban conversaciones telefónicas que la antena sintonizaba como secretos del aire. No importaba comprender lo que escuchaba; lo clave estaba en el asombro y en sentir que el lenguaje se estiraba como un puente entre mundos.
Así aprendí a tener cierto gusto por las historias misteriosas y complejas, y fue en un programa de la Universidad Tecnológica de Pereira a principios del siglo XXI, donde escuché por vez primera hablar de agujeros negros, la cuadratura del círculo, la astrofísica, la mecánica cuántica y Aristarco de Samos con su visión heliocéntrica del mundo… un espacio para navegar otros mundos. En ese momento atestigüé el poder oracular de la radio.
En mi adolescencia, escuchaba frecuentemente Radioactiva, los riffs de Nirvana, el grunge como grito existencial y el metal como rito iniciático. La Cortina de Hierro era mi iglesia pagana, y en los fines de semana escuchaba Soda Stereo, Caifanes, Aterciopelados, Police, Pink Floyd, Led Zeppelin, Metallica, Iron Maiden, Ekhymosis, Green Day y un largo desfile de espíritus eléctricos. Como buen coleccionista en formación y el gusto por la música, pirateaba los casetes de mi madre. Lo que hacía con ellos es que les daba nueva vida, dibujaba sobre el anverso de ellos, les ponía nombres, los marcaba con mi tinta interior. En los casetes que iba ensamblando, vivían las voces de la emisora cultural Remigio Antonio Cañarte y sus maravillosos programas, ecos de jazz, funk, Piazzolla, Al Di Meola, Víctor Jara, Violeta Parra, y las músicas colombianas hermosas que mi madre aún escucha cada mañana como si fueran parte de su oración cotidiana.
Luego vino el internet y comencé a buscar sonidos del mundo: músicas errantes, voces nómadas y ritmos de otros continentes. Así nació Fosa Orbital, nuestro espacio musical en la 98.5 fm UN Radio entre 2008 y 2010. Allí divulgamos lo encontrado en el viaje musical que compartía con mi primo Leo: afrobeat, blues, reggae, electrónica, cumbia, dub, flamenco, hip hop, drum&bass, funk, nuevas músicas colombianas. Por el programa pasaron Carolina Botero de la Fundación Karisma donde habló de la importancia del las licencias Creative Commons, se lanzó el segundo disco de Meridian Brothers, Este es el Corcel Heroico que nos Salvará de la Hambruna y Corrupción, hacíamos fiestas en bares y la musicalización y remix de la película “el hombre con la cámara” de Dziga Vertov y sellamos esta primera década del siglo bailando en el gran toque de Mad Profesor y también un festejo descomunal en el Iberoamericano de Cultura en Medellín donde estuvo Silvio Rodríguez, los Van Van, Fito Paéz, Susana Baca y recuerdo muy bien fue cuando conocí a Emilsen Pacheco y al gaitero Paíto Sixto Salgado.
La magia de la radio se transformó en la navegación errática del internet y en la compulsión por las descargas piratas y por bitorrent. Pero el deseo no murió. Por una parte, conocí el impacto de Radio Sutatenza como modelo edu-comunicativo en Colombia, Radio Victoria de mi amigo Alejandro Araque, Radio Libre, Altair, Noís Radio, el programa perdidos en el espacio de Chile y profundicé en una suerte de etnografía en mi tesis de Maestría con Martín Giraldo fundador de Radio Cápsula, interesado en aquel tiempo en la librecultura el streaming y las músicas electrónicas. Con las brasas de Fosa Orbital hicimos programas independientes, pequeñas constelaciones de sonido y una última expedición en el estallido social rodando el documental Cacerobeat.
La radio y sobre todo la consciencia de lo sonoro regresó como pulso vital en tiempos de encierro y pandemia. En medio de aquella pausa evolutiva, en el 2021 comencé a hablar con amigos y amigas educadores, investigadores, artistas y activistas que inspiraban nuevas formas de educación, comunicación y cultura. Y así regreso de nuevo a los micrófonos, esta vez como creador y locutor de nuevos espacios: las video-conversaciones con la Udelfuturo (130 episodios); el programa radial Pázala Voz del CEPAZ en la UPN; el podcast Imaginación Política en 17 Radio; el podcast de la Revista Pensamiento, Palabra y Obra; podcast Resonancias Viajeras que realizo con el parcero Fito y ahora continua el viaje como líder de un semillero del CEPAZ donde el arte, la paz y la comunicación convergen.
Para el segundo semestre estaremos proponiendo un curso de Narrativas Sonoras para la Paz en alianza entre Cepaz y la Unidad de Víctimas. El propósito: dar dignidad a las voces de las víctimas del conflicto armado, sus sueños, proyectos, hacer del sonido una semilla, una medicina, una plataforma de memoria y esperanza de futuro. También estaré liderando el semillero del CEPAZ arte, comunicación y culturas de paz, en el que estaremos produciendo junto con estudiantes de la UPN dispositivos didácticos y lúdicos para la construcción de paz y experimentando con producciones radiofónicas y sonoras.
Así me siento y escucho hoy, como un habitante entre ondas, un peregrino de frecuencias, un nómada en la fosa orbital, un amante del eco y de la interferencia. En cada transmisión, en cada grabación, sigo escuchando el murmullo del universo que me sigue susurrando asombro y misterio.
viernes, 2 de mayo de 2025
LIBRO: Estéticas de la re-existencia
El sábado 10 de mayo estaremos en la Feria de Libro de Bogotá lanzando el libro Estéticas de la Re-existencia, texto que nace de un proceso de reconstrucción y diálogo con las experiencias que participaron en la Cátedra de paz del 2021 que lideró la Facultad de Bellas Artes de la UPN. En esta publicación "buscamos recoger de una manera distinta las memorias de dichos encuentros, el interés apunta a reflexionar sobre las artes aplicadas a los procesos de paz a lo largo y ancho del territorio nacional: desde Catatumbo hasta San Onofre, de Soacha hasta el Chocó, de Icononzo a los Montes de María. Un viaje por el territorio en clave de revisión histórica de la violencia política y las apuestas artísticas para sostener viva la memoria y evaluar críticamente los procesos de paz".
sábado, 26 de abril de 2025
Podcast Pázala Voz (CEPAZ-UPN)
Estaré este miércoles 30 de abril en la Feria del Libro en Bogotá (FILBo 2025) en en el Panel Narrativas Sonoras para la paz y el sábado 10 de mayo 5 pm lanzando un libro sobre Estéticas de la re-existencia que escribimos con el grupo de Arte y Formación para la Paz de la Fac. Bellas Artes de la UPN.
Aprovecho para contarles que este primer semestre en la pedagógica radio realicé 6 programa radiales en Pázala Voz, programa del CEPAZ, Centro de Educación para la Paz, la Memoria y los Derechos Humanos de la UPN. Los temas abordados en los episodios fueron los siguientes: 1. Apuestas presentes del CEPAZ con Miguel Franco director del Centro. 2. Educación para la paz con el profesor José Manuel González. 3. Arte, Juegos y Construcción para la paz (en el que invertimos los roles y fui yo el invitado) 4. Prácticas de Resistencia desde el sur Global con la profesora Yésica Cortés, Daniel Enrique Barrera y Cristian Camilo. 5. Arte y paz con la profesora Laura López Duplat 6. Transmisión en la plaza de Bolívar acompañando el Día Nacional de la Memoria y solidaridad con las víctimas del conflicto armado con el profesor y escritor Fernando González
Para escuchar todos los episodios dar click en este enlace: https://radio.upn.edu.co/podcast/pazalavoz/
viernes, 25 de abril de 2025
Universidad del futuro: cocreando comunidades de aprendizaje
En este artículo expongo una breve reseña de la iniciativa La Universidad del futuro que nace en el 2021 en Bogotá - Colombia y que tiene como intencionalidad crear redes y comunidades de aprendizaje y educación integral alrededor del mundo. También describo los fundamentos narrativos que dan sentido a la experiencia tales como la abundancia educativa, las conversaciones profundas, el currículo como viaje, el maestro como intermediario y finaliza compartiendo las 9 aulas vivas que han surgido de las conversaciones (+ de 129 episodios) que he realizado en el videopodcast.
El texto fue publicado en el libro Horizontes expandidos de la educación, la tecnología y la innovación. Editorial Aula Magna. McGraw-Hill. España. 2024.



















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