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sábado, 20 de junio de 2026

Más allá de las elecciones

Mañana se celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Se abre nuevamente la posibilidad de decidir el rumbo del país y, personalmente, espero que Iván Cepeda sea elegido presidente y logre rodearse de los mejores para continuar impulsando una agenda de mayor bienestar, justicia social y prosperidad para la población.

Pero, sea cual sea el resultado, necesitamos sostener algo más profundo que una victoria electoral: la energía constructiva, la amistad, el coraje y el compromiso con la vida en toda su potencia y fragilidad. No podemos quedar atrapados por el miedo, ni jugar el mismo juego del odio, la mentira, la manipulación y el desprecio. Podemos nombrar las injusticias con firmeza, sin reproducir las lógicas que alimentan nuevos resentimientos y violencias.

Las elecciones son un ritual democrático fundamental, pero están lejos de ser la única forma de participación política. Desde la educación, la cultura, los movimientos sociales, las organizaciones comunitarias y los múltiples lugares que habitamos en la sociedad, tenemos la tarea de ampliar nuestras capacidades políticas y fortalecer nuestro compromiso con las transformaciones culturales que este tiempo exige.

Hoy resulta indispensable cuidar nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra energía. También nuestra dieta cognitiva. Vivimos en medio de una guerra por la atención que erosiona la sensibilidad, fragmenta la comprensión y debilita la empatía. Necesitamos recuperar una verdadera soberanía de la atención y volver a cultivar los afectos, los vínculos y las redes de creación entre ciudadanos.

Las psicotecnologías han transformado profundamente nuestras formas de sentir, imaginar y desear. Desde hace décadas vienen condicionando el afecto, la memoria, la imaginación y la manera en que nos relacionamos con el mundo. Una parte de la vida colectiva parece atrapada en mensajes breves, emociones inmediatas, consumos acelerados de información y dinámicas de miedo que dificultan la reflexión. Frente a ello, la democracia requiere ciudadanos capaces de contextualizar, comprender, deliberar y crear.

Para fortalecer estas capacidades necesitamos mejores conversaciones, mayor disposición a escuchar perspectivas distintas, información de calidad y una ciudadanía que produzca símbolos, sentidos y narrativas, en lugar de limitarse a consumirlas. La política también se juega en lo cotidiano: en cómo tratamos a los demás, en cómo gestionamos nuestras diferencias, en nuestra capacidad para reconocer tanto nuestras potencialidades como nuestras limitaciones.

Hay una dimensión más incómoda que solemos evitar: reconocer nuestra propia injusticia pasiva. Si no ejercemos la política en la vida cotidiana, si no asumimos responsabilidades sobre aquello que nos corresponde transformar, difícilmente podremos construir una democracia más profunda. La ciudadanía no es solamente un derecho; también es una práctica.

La madurez política implica coherencia, responsabilidad, capacidad de asumir errores, compromiso con los ideales que defendemos y voluntad de construir bienes comunes. También implica aprender a dialogar con quienes piensan distinto, argumentar sin destruir, movilizar esperanza sin negar los problemas y sostener cambios concretos en los espacios donde participamos.

Otra forma de aumentar nuestras capacidades políticas consiste en crear comunidad, contribuir al sostenimiento de bienes comunes y participar en procesos colectivos que fortalezcan el tejido social. Necesitamos un activismo que sea social, cultural y también espiritual; una práctica que cuide simultáneamente las instituciones, los vínculos humanos y los sentidos que orientan nuestra vida colectiva.

Quizá una de las preguntas más importantes de nuestro tiempo sea cómo afrontar los nuevos giros autoritarios que emergen en distintas partes del mundo, potenciados por tecnologías capaces de amplificar la desinformación, la manipulación y la mentira a escalas inéditas. La crueldad, el oscurantismo y el resentimiento encuentran hoy herramientas tecnológicas de una potencia sin precedentes.

Paradójicamente, para responder a este desafío necesitamos volver a los territorios de la sensibilidad, de la imaginación, de la vida interior y de las capacidades relacionales, ámbitos que hoy se encuentran profundamente deteriorados. No resolveremos la crisis democrática únicamente con más información, sino también con una reconstrucción de nuestras capacidades de sentir, escuchar, comprender y crear juntos.

Por eso es importante salir a votar. Resulta contradictorio disfrutar de los beneficios de una democracia constitucional sin participar activamente en su sostenimiento. El voto no lo es todo, pero sigue siendo una herramienta fundamental para cuidar aquello que hemos construido colectivamente.

También necesitamos abandonar el lenguaje descalificatorio que convierte al adversario en enemigo. Nos corresponde desarmar esas dinámicas que terminan fortaleciendo las mismas fuerzas que dicen combatir. Reconstruir confianza, descentralizar la violencia y fortalecer la convivencia son tareas políticas de primer orden.

Es muy bello observar cómo, después de la primera vuelta, amplios sectores de la ciudadanía se han movilizado con mayor intensidad mediante actos comunicativos, expresiones creativas, encuentros, conversaciones, música, carnavales y múltiples formas de acción cultural. Aunque quizás este despertar pudo haber llegado antes, sigue siendo una señal esperanzadora. Necesitamos una explosión simbólica capaz de cultivar la vida, la dignidad, los derechos y también las responsabilidades que compartimos.

Me preocupa profundamente la posibilidad de que llegue al gobierno una opción política que expresa formas de autoridad, exclusión y desprecio que creía que como sociedad habíamos comenzado a superar. No se trata únicamente de una persona. Sería ingenuo pensar que estos fenómenos se reducen a un individuo. Lo preocupante es que ciertos discursos, gestos y formas de relacionarnos con el poder parecen encontrar hoy una renovada legitimidad.

En el fondo, lo que observamos es la emergencia de algo que ha permanecido durante mucho tiempo latente en nuestra cultura: el deseo de mano dura, el clasismo, el machismo, la indiferencia frente al sufrimiento ajeno, la desconfianza hacia la diferencia y la búsqueda de soluciones simples para problemas complejos. Estas tendencias no nacen con un candidato ni desaparecerán con una elección. Habitan nuestras instituciones, nuestros medios de comunicación, nuestras conversaciones cotidianas e incluso nuestras propias contradicciones.

Por eso el desafío es más profundo que ganar una elección. Se trata de transformar las condiciones culturales que permiten que estas sensibilidades sigan reproduciéndose. La democracia no solo se juega en las urnas; también se juega en la manera como educamos, convivimos, imaginamos el futuro y construimos nuestras relaciones con los demás.

Aun así, considero que Iván Cepeda representa hoy la mejor opción para continuar avanzando en escenarios de reducción de la pobreza y la desigualdad, fortalecimiento de la construcción de paz, ampliación de derechos y consolidación institucional. Ningún gobierno resolverá en pocos años los problemas estructurales del país, pero sí puede ampliar o restringir las posibilidades de construir una sociedad más justa.

Reconociendo los logros y también las limitaciones de los procesos recientes, creo que es posible seguir avanzando en políticas que prioricen a quienes históricamente han sido excluidos y fortalecer una visión de país basada en la dignidad, la solidaridad y el cuidado de la vida.

Pero más allá de cualquier resultado electoral, la tarea continúa. Si en nuestras casas, barrios, escuelas, organizaciones, lugares de trabajo y espacios digitales contribuimos a construir confianza, fortalecer la deliberación democrática y ejercer una mínima soberanía frente a las múltiples formas de manipulación contemporánea, estaremos participando activamente en la transformación que anhelamos.

No necesitamos solamente mejores gobernantes. Necesitamos también una ciudadanía más consciente, más organizada, más sensible y más capaz de construir poder popular democrático para cuidar la vida común.

La democracia no se agota en un día de elecciones. Se construye cada día, en cada gesto, en cada conversación, en cada acto de cuidado, en cada comunidad que decide crear en lugar de destruir. Allí también se juega el futuro del país.

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miércoles, 17 de junio de 2026

El papel de las emociones en la política

En esta conversación de la Universidad del Futuro, Madza Ednir, Roberto Palacios, Helen Mancera, Maín Suaza y Andrés Fonseca analizan el complejo panorama político actual, marcado por el odio, el miedo, el resentimiento y el ascenso de nuevas derechas. 



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jueves, 19 de febrero de 2026

Imaginación y Educación

Todo proceso de formación necesita ritmo: momentos de intensidad y momentos de distensión, de aprendizaje y de enseñanza. Esa oscilación es clave si queremos abrirnos al mundo de la invención y no quedarnos únicamente en la comprensión de datos o realidades sociales, ni en la repetición o la imitación.

Muchos profesores confían en que una planificación minuciosa, paso a paso, garantiza el éxito de la clase. Y en parte tienen razón: la estructura sostiene, ofrece orden y precisión. Pero una buena clase no florece bajo el exceso de control ni bajo la presión comprobatoria permanente. Florece cuando el grupo entra en un flujo compartido, cuando la imaginación comienza a circular entre los cuerpos y cuando lo imprevisto encuentra espacio para acontecer. La imaginación necesita riesgo y una cierta aventura existencial. No brota de la saturación de conceptos, sino de los intersticios donde el pensamiento respira y el movimiento se permite desviarse.

Ahora bien, no basta con “estimular la imaginación”. Es necesario crear condiciones concretas: poner herramientas en manos de los estudiantes, ofrecer materiales y referencias, disposición de tiempo, abrir espacios de experimentación y enseñar técnicas como potencias, no como moldes.

En ese sentido, cada profesor encarna, además de una tradición intelectual, una manera de habitar el lenguaje, una postura corporal ante el mundo y un ritmo particular del pensamiento. El espacio de clase es una suerte de ritual donde hacemos magia. El tono de la voz, los símbolos, las metáforas, las conexiones, la sinceridad, la intención, la atención, el acento, los gestos, los giros, los conceptos, los movimientos, el silencio, los juegos, la musicalidad de la palabra, la intensidad, la pasión y el eros… todos estos elementos intervienen, condicionando y enriqueciendo la experiencia formativa.

Por eso, no se trata solo de aprender datos, sino de posibilitar que el estudiante transforme la arquitectura interna con la que percibe el mundo. Educar no es llenar un recipiente, sino alterar la forma de mirar, de sentir y de relacionarse.

Desde esta perspectiva, la educación —y también las políticas públicas— pueden promover la imaginación mediante una crianza saludable, la promoción de derechos, el cultivo de la capacidad y la flexibilidad corporal, la existencia de espacios públicos para el deporte y el arte, y el aprendizaje del arte de las soluciones imaginarias: resolver tensiones creando nuevos movimientos, nuevas formas de relación, nuevos proyectos.

La imaginación no es un lujo cultural. Como plantea Gilbert Simondon, forma parte del proceso de individuación; es una función ontológica de la vida. No aparece después del ser: participa en su constitución.

Como educadores y artistas hemos visto que la potencia de lo imaginario surge con mayor intensidad allí donde disminuye la exigencia de obligatoriedad. Cuando la acción no está completamente prescrita, emerge el juego; y en el juego, la posibilidad.

La imaginación no es evasión de la realidad. Es una manera de traer lo posible al campo de acción, de ensayar conexiones inusitadas, de habitar el mundo como un territorio de probabilidades. Abre un intervalo donde lo real no se niega, sino que se expande.

Pero, de nuevo con Simondon afirma que sin medios, la imaginación se frustra; con medios, se vuelve invención. La diferencia entre fantasía impotente e invención transformadora no está en la intensidad del deseo, sino en la disponibilidad de condiciones materiales, simbólicas y colectivas que permitan encarnarlo.

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martes, 2 de diciembre de 2025

Curso Narrativa Sonoras para la Paz

El curso Narrativas Sonoras para la Paz para víctimas del conflicto armado en Colombia, diseñado por el CEPAZ de la UPN y la Unidad de Víctimas, nació como un espacio para aprender a contar historias para dignificar sus experiencias y trayectorias y encontrar una escucha y reconocimiento más profundo. Muy pronto descubrimos que lo más importante no era el guion, ni la grabación, ni el producto final. Lo que realmente transformó a quienes participaron fue el encuentro mismo: ese acto sencillo y profundo de sentarse a hablar, de reconocerse en otro, de descubrir que el dolor era un territorio compartido.



Cada sesión abrió un umbral donde las palabras circulaban con cuidado y donde las historias, al hacerse audibles, encontraban una forma de reparación. Las voces se convirtieron en puente y en abrazo. Compartir experiencias, escuchar sin juicio, reconocer trayectorias semejantes: todo ello fue tejiendo una red que disminuyó el aislamiento y fortaleció emocionalmente a las víctimas. Allí comprendimos que, en procesos como este, el vínculo humano es el principal dispositivo pedagógico.

Con el paso de las semanas, la asistencia comenzó a disminuir. La vida, con sus urgencias y dificultades, fue exigiendo a algunos participantes priorizar otros espacios. Quizá la duración extensa, quizá factores externos: la causa nunca fue del todo clara. Pero la experiencia dejó una lección: un formato más concentrado, intensivo y coherente con las dinámicas de quienes participan podría mantener viva la energía colectiva y favorecer la continuidad del proceso.

En las sesiones, se hizo evidente que las narrativas más potentes surgían cuando las voces se entrelazaban. Los proyectos individuales, aunque valiosos, mostraron límites frente a la fuerza de lo colectivo. Por eso, en la reflexión final del curso, emergió con claridad la necesidad de promover la creación compartida: productos sonoros hechos entre varias manos y varias miradas, donde cada rol se rota, se aprende y se enseña. La inclusión de estudiantes universitarios fue vista como una oportunidad para crear un encuentro donde saberes distintos se nutren mutuamente y la horizontalidad se vuelve posible.

Uno de los logros del curso fue su diversidad metodológica. Se trabajó con el cuerpo, con la memoria sensorial, con la música, las imágenes, los relatos del territorio y el fotobordado. Se exploró la voz en todas sus formas: como instrumento, como testimonio, como espacio de creación. Esta pluralidad de lenguajes permitió que cada persona encontrara un camino propio para narrarse y para narrar al mundo. Esa diversidad fue, sin duda, una de las mayores fortalezas del proceso.

El tránsito por Narrativas Sonoras para la Paz dejó, además, aprendizajes proyectados hacia el futuro. Es necesario diseñar un recorrido formativo donde el proceso sea tan importante como el producto; incorporar momentos de cosecha colectiva —bitácoras, círculos de cierre, pequeñas piezas grupales— que permitan sedimentar lo vivido; y ofrecer herramientas prácticas para que los participantes continúen explorando la narración sonora más allá del curso. También será valioso proponer micro-producciones semanales que mantengan la motivación y roles rotativos dentro de cada grupo, de modo que todos puedan experimentar diferentes posiciones creativas sin presión.

Finalmente, la memoria de lo vivido fue bellamente compartida en una mesa de radio y se enlazará a los podcasts universitarios (como pázala voz, la pedagógica radio y la página de la unidad de víctimas) y ojalá también con otros espacios culturales para que estas voces sigan circulando, fortaleciendo la construcción de paz desde la palabra y el sonido.

En síntesis, Narrativas Sonoras para la Paz fue un curso donde la voz se hizo territorio, la escucha se volvió cuidado y la creación se transformó en una práctica de memoria y de encuentro. Una experiencia que invita a seguir caminando, escuchando y narrando juntos.

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miércoles, 26 de noviembre de 2025

1er Festival UNIVERSIDAD DEL FUTURO (Ecocirco-Cachipay)

Nos encontraremos en el Ecocirco, del 12 al 15 de diciembre de 2025, para celebrar la amistad, la vida y esos encuentros fortuitos y mágicos que solo florecen cuando se reúnen almas vibrantes. El propósito de este primer Festival de la  Universidad del Futuro es fortalecer los vínculos de quienes hemos participado en las video-conversaciones del podcast y también abrir un espacio para vivir y encarnar las pedagogías, prácticas y experiencias que cada persona trae como ofrenda al encuentro. 

Durante estos días queremos convocar los sentidos y las incertidumbres, hacer que el futuro acontezca en el presente,  presenciar los juegos y las reflexiones, las artes y las conversaciones, la música y la danza, el silencio y el caminar. Queremos merodear juntos las preguntas esenciales, actualizar la existencia en el gozo del encuentro y en la alegría de compartir nuestras obras, metodologías, iniciativas e inéditas pedagogías. Será un festival para seguir jugando, soñando, colaborando, y para reconocer la riqueza profunda de acompañarnos mutuamente. 

Invitados al podcast en el 2025

En esta primera edición, el eje será el presente y el futuro de la Universidad del Futuro. Queremos, además de reconocernos en nuestras potencias y abundancias, imaginar y vislumbrar colaboraciones que puedan nutrir el diseño de actividades —cursos, talleres, residencias, giras, experiencias y acciones colectivas— proyectadas hacia el 2026. 

El Festival contará con conversaciones, lecturas, recitales poético-musicales, rituales, círculos de palabra, fuego y música, experiencias de danza, performance y conciertos. Un territorio común para tejer comunidad, pensamiento, arte y celebración. 

PROGRAMACIÓN AQUÍ 

INVERSIÓN

Pago completo (3 noches / 4 días): 400.000  COP 
Incluye alojamiento en cama, alimentación y acceso a todas las actividades. 

1 Día por persona: 60.000 COP (acceso a actividades, no incluye alimentación) Alimentación (por comida 20.000 COP)
Hospedaje: Cama 50.000 COP  Camping 25.000 COP 

TRANSPORTE

Salida de Bogotá a Cachipay: 22.000 COP 
Lugares de salida: Terminal de transportes o  Calle 12a # 67- 02 

INFORMACIÓN
Móvil: +57 3208599591 

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jueves, 20 de noviembre de 2025

Programas Pázala Voz II-2025 (CEPAZ-UPN)

Durante el segundo semestre de 2025, en el programa radial Pázala Voz del CEPAZ-UPN, realicé una serie de 10 episodios dedicados a explorar distintas aristas de la construcción de paz: desde el arte y la memoria, hasta las resistencias comunitarias, ambientales y las producidas en la vida cotidiana.

Cada conversación abrió puertas, dejó preguntas y permitió escuchar voces que hoy alimentan las reflexiones del Centro de Educación para la Paz, la Memoria y los Derechos Humanos.

Estos fueron los episodios: ESCUCHAR TODOS AQUÍ

  • Hasta que amemos la vida. Un diálogo con César López sobre la potencia ética y sensible del arte —y especialmente de la música— en los procesos de paz.
  • Territorios de Paz: El caso del Melcocho. Conversación con Yeison Castro (líder social del Carmen de Viboral), Amatista del Colectivo Fieras Montañeras y Yésica Cortés del CEPAZ, sobre la defensa del territorio y las formas de cuidado comunitario.
  • Resistencias contra el olvido. Una experiencia pedagógica de la Cátedra Colectivo Caso 82 junto a Nancy García, Rosalba Campos y María Teresa San Juan.
  • Crisis Civilizatoria y Paz. Con Laura López Duplat (CEPAZ) y estudiantes de Vida Universitaria, reflexionamos sobre el colapso ecológico, la sensibilidad y las búsquedas éticas de nuestro tiempo.
  • Semillero de Arte, Comunicación y Paz. Participaron Brayan Beltrán, Natalia López, Linna María González, Alejandro Vaca, Mauricio Farfán, Gabriela Ruiz y Daniel Ramírez, compartiendo sus proyectos y luchas creativas.
  • Resistencias en el Sur Global. Una conversación con Faiq Mari, arquitecto y educador palestino, y Daniel Barrera, doctorando en estudios migratorios, sobre exilios, violencia y horizontes de emancipación.
  • Paramilitarismo y Violencia Urbana. Con Fernanda Espinosa (doctora en ciencias sociales y humanidades), Alejandro Múnevar (abogado UNAL) y Andrea Lezama (profesora e integrante CEPAZ).
  • Violencia Política y Universidad. Conversación con José Manuel González y Jymy Forero (CEPAZ), sobre los impactos de la violencia política en la comunidad universitaria.
  • Festival Universitario y Comunitario de Artes Escénicas. Con Camilo Igua Torres (CEPAZ) y las estudiantes Sofía Ardila y Tatiana, exploramos el sentido comunitario y artístico del festival.
  • Cartografías de las memorias con Carolina Bautista (CEPAZ), Dilan Bocanegra (Colectivo Ruta de la Memoria), Alisson Michelle Pareja (Practicante CEPAZ) y María del Pilar Restrepo (Proyecto Manos y Pensamiento

Cada episodio es una ventana distinta para comprender cómo se siembra paz desde la palabra, la memoria, las artes, las re-existencias y las prácticas culturales.


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sábado, 13 de septiembre de 2025

Dialéctica de la mirada

El discurso que Gabriel García Márquez redactó para la entrega del Premio Nobel nos abre preguntas desafiantes, no solo sobre nuestro presente, sino también sobre la posibilidad de repensarnos de nuevo. Entre mi lectura personal y la conversación que suscitó, apareció lo que podríamos llamar la dialéctica de la mirada: esa tensión entre cómo vemos a los otros, cómo los otros nos miran y cómo nos atrevemos a mirarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

De esa dialéctica surge un interrogante: ¿cómo a través de la educación podemos ensanchar la mirada? ¿Qué implica pensar tanto en lo que vemos como en lo que nos ve, en lo que abre o cierra la mirada, en el ver con los ojos abierto o cerrados y en lo que aparece cuando miramos hacia adentro? La lucidez, la claridad y la profundidad son concreciones de la expansión de la mirada, mientras que una mirada estrecha y simplificada reduce el mundo a dos dimensiones, a meros esquemas que empobrecen la experiencia y las relaciones.

Conviene subrayar que lo que vemos nunca es inocente ni neutral: no todos vemos lo mismo. Nuestra mirada está matizada por creencias y valores, por la historia y los territorios que habitamos, por las culturas que nos atraviesan, por el inconsciente colectivo y también por nuestra singularidad irrepetible. Preguntar por la mirada implica a la par, interrogar nuestros intereses y marcos de relevancia, reconocer aquello en lo que el mundo nos toca e interpela. Supone también trabajar los sesgos y prejuicios que nos limitan, y abrirnos a la posibilidad de ver con los ojos de los otros: los de quienes nos rodean, los de múltiples culturas y sus sabidurías. Solo así podremos nutrir, desde nuestras diferencias, la experiencia colectiva de la humanidad.

La manera en que miramos nunca es solo individual: toda mirada es también colectiva y política, porque exige pensar cómo interpretamos la realidad en común. Aquí la reflexión adquiere otro tono: interpretar no es solo descifrar, sino también ponernos de acuerdo —y aprender a habitar nuestros desacuerdos— para actuar frente a las circunstancias y desafíos que nos arroja el mundo.

Este desafío se vuelve aún más urgente en el presente. Mientras el pensamiento lógico y proposicional amplía sus posibilidades de combinación y cómputo a través de la inteligencia artificial, necesitamos fortalecer otras dimensiones del pensar. El pensamiento dialéctico y sistémico se torna crucial: no basta con producir enunciados o respuestas. Lo que necesitamos son movimientos del pensamiento, que nos conduzcan a comprensiones más profundas y a una movilización más consciente de la energía disponible como voluntad creadora.

En este horizonte, educar la mirada se convierte en una tarea pedagógica fundamental. Podríamos enunciar tres claves fundamentales para ello:

1. La clave intercultural. Ampliar la mirada significa descentrarnos, abrirnos a lo que habitualmente ha sido invisibilizado, silenciado o marginado. En términos curriculares, se trata de aprender a leer el mundo en clave de sur a norte y de norte a sur, de oriente a occidente y de occidente a oriente, entendiendo que los saberes, artes, filosofías y cosmovisiones de las culturas no son meras curiosidades ni “modelos a seguir”, sino aportes vivos a la humanidad. Es parte de la educación ampliar las formas de ver el mundo y, a su vez, revitalizar los saberes propios —andinos, amazónicos, afroamerindios, africanos, árabes— eclipsados por el eurocentrismo, para que entren en diálogo creativo y crítico con otros legados.

2. La clave dialéctica. Ampliar la mirada no es solo un asunto de contenidos, sino también de método. Implica ejercitar un movimiento constante entre contradicciones y asuntos opuestos, evitando tanto el dogmatismo (una verdad absoluta) como el negacionismo (falsear verdades con relatos) o el escepticismo ingenuo (suponer que todas las verdades pesan lo mismo). La dialéctica nos dispone a las síntesis creativas, fruto de tensiones reales, que permiten avanzar sin clausurar la complejidad.

3. La clave de la escucha. Para ampliar la mirada, debemos aprender a escuchar voces distintas de las nuestras, a conversar en la diferencia y a cultivar una escucha compasiva.. Escuchar lo que no encaja en la cultura dominante: a las personas neurodivergentes, a los ecosistemas, a la crudeza de nuestra historia actual, al outsider, al malandro, a quienes habitan los márgenes y viajeros entremundos. Incluso las voces que más nos incomodan. Porque allí, en lo rechazado, puede estar un fragmento de sabiduría que necesitamos para madurar como humanidad y crear una cultura capaz de acoger, sin violencia, una pluralidad mucho más amplia de vidas, perspectivas y visiones de mundo.

Ampliamos la mirada, entonces, no solo para ser más solidarios con las perspectivas ajenas, sino también para reconocer que la nuestra es apenas un punto de vista, condicionado por los privilegios o la ausencia de ellos. Enseñar y aprender a mirar de este modo no es un lujo, pero se puede entrenar como cualquier oficio: es quizá la tarea más urgente de nuestro tiempo. Una pedagogía de la mirada que, entre la dialéctica, la interculturalidad y la escucha profunda, nos permita regenerar vínculos, sostener la pluralidad y abrir horizontes de humanidad compartida.

Este mismo ejercicio, en el que partimos de la palabra de Gabo y llegamos a preguntas pedagógicas y políticas, es ya una muestra del pensar categorial según la propuesta de Zemelman. Se trata de una danza: comienza en la realidad concreta que nos interpela, se abre a un marco que provoca, pasa por la elaboración interna donde surge lo emergente y las preguntas, se despliega en una exploración conceptual y experiencial, y regresa a lo concreto: a cómo todo esto se traduce en nuestra vida, en la práctica pedagógica o en el espacio cotidiano. Tal vez educar la mirada, desde el pensar categorial, sea justamente aprender a bailar con lo inédito: a no quedarnos repitiendo lo dado, sino a crear posibilidades nuevas para habitar el mundo.


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jueves, 11 de septiembre de 2025

Reflexiones sobre educación para la paz (parte I)

Ayer, al conversar sobre paramilitarismo y violencia urbana en el programa radial Pázala Voz, pregunté a los invitados qué aspectos serían necesarios en contextos educativos para cuestionar y transformar la conducta cruel y violenta de la extrema derecha, tan arraigada en amplios sectores de la población. Muchos señalaron soluciones externas y acciones sociales; pocos advirtieron la importancia de los esquemas simbólicos e interiores. A mi parecer, cuando se omiten estas dimensiones, los análisis y las políticas quedan sesgados y las acciones transitan caminos ya conocidos y bastante predecibles. Intuyo que, frente a las nuevas derechas —y también ante ciertas viejas izquierdas—, no basta con comprender discursos y gestos; es necesario descifrar la maquinaria inconsciente que los sostiene y las fuentes ocultas de donde extraen su energía. 

Para que la educación se convierta en un genuino espacio de pensamiento crítico, no basta con transmitir contenidos, repetir discursos o entregarse a la deconstrucción infinita y abstracta; debe viajar hacia los imaginarios, los afectos y los deseos colectivos, solo así puede tocar y complementar aspectos esenciales del problema. De no hacerlo, afrontaremos las crisis que se avecinan desde los mismos lugares comunes, como si repitiésemos siempre los mismos errores. Quizá esta incapacidad de pensar de manera más sistémica, dialéctica y situada, no sea solo un problema de análisis externo; también refleja cómo nuestra educación funciona, cómo están aún las disciplinas compartimentadas, cómo nos relacionamos con el pensamiento y cómo aprendemos a relacionarnos con los conflictos, con la realidad y con nosotros mismos. 

Me surge finalmente esta pregunta: ¿De qué manera la educación puede transformar el legado simbólico de la violencia que persiste en la mente y en los hábitos de las víctimas y también de los victimarios? La educación para la paz no puede limitarse a los actos visibles; exige comprender también los valores, los imaginarios, las narrativas que legitiman o justifican la violencia en quienes la han sufrido y en quienes la han ejercido. Este legado es complejo: miedo que paraliza, deshumanización del otro, la figura del enemigo interno, del chivo expiatorio, la relación con las contradicciones y el caos, hábitos de dominación y creencias sobre el orden social que se han interiorizado y naturalizado. Transformarlo requiere un acto de brujería simbólica, un análisis compartido y profundo, un gesto que haga consciente lo inconsciente, que ilumine aquello que permanece en la sombra de sus prácticas. Y que, al hacerlo, permita abrir un espacio donde la memoria, la reflexión, la ética y la educación misma puedan recomponerse, y convertirse en un verdadero movilizador de transformación social.



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sábado, 23 de agosto de 2025

El lugar del miedo en la política

En Colombia nada pasa por casualidad, pero todo se disfraza de accidente. El asesinato de Miguel Uribe, el carro bomba en Cali, los ataques a la fuerza pública, el referendo para dinamitar el Acuerdo de Paz, los buques estadounidenses rondando el Caribe y la retórica de la derecha que insiste en que todo lo que no le convenga huele a narcoterrorismo… parecieran capítulos sueltos, pero en realidad son la misma vieja serie repetida en bucle.

La trama es simple y conocida: cuando el poder se tambalea, se enciende el fósforo del miedo, se resucita el fantasma del “enemigo interno”, se apunta con el dedo al gobierno de turno y se promete, una vez más, que la salvación vendrá de mano dura, Estado mínimo y sermones de seguridad democrática.

El referendo para derogar el acuerdo de paz es, en ese sentido, casi profético: un país que no sabe qué hacer sin guerra se propone votarla de nuevo, como si la violencia fuera un derecho adquirido. Porque para una parte de Colombia, la paz no es un horizonte, sino una amenaza a la mitología que le da sentido: el héroe armado, el enemigo absoluto, el pueblo disciplinado.

Mientras tanto, Estados Unidos vigila desde el Caribe con sus aviones y buques, como quien mira a un viejo socio que no se decide a recaer en la adicción. A Washington le conviene un Colombia obediente, proveedor de excusas perfectas para la guerra contra las drogas y la presión contra Venezuela. Y a la derecha criolla le conviene esa obediencia porque legitima su nostalgia: ser los guardianes de un orden que nunca existió.

El uribismo, por supuesto, ya no es la religión mayoritaria que fue. Está exhausto, golpeado, judicializado, pero no muerto: como todo dogma decadente, sobrevive gracias al miedo. Porque si algo enseña nuestra historia es que el miedo es la gasolina más barata y más duradera que ha encontrado la política colombiana.

Lo trágico es que la democracia, el Estado y la política parecen arrastrarse en la misma extenuación. Y lo irónico es que, justo ahí, en la decadencia compartida, podría abrirse un espacio para algo distinto. Pero para que eso ocurra, Colombia tendría que romper su adicción al eterno retorno del miedo y la guerra.

Quizá la verdadera revolución no sea tumbar al adversario de turno, sino atreverse a imaginar un país que no necesite enemigos para existir. Pero claro, eso exigiría una política distinta… y en Colombia la política siempre prefiere la pólvora a la imaginación.

Y si la escuela, en lugar de enseñar a temerle al error, lo celebrara como laboratorio de futuro? ¿Si nos formara no para ser fieles consumidores de promesas incumplidas, sino arquitectos de realidades nuevas? En vez de domesticar al ciudadano para votar resignado cada cuatro años, podríamos formar comunidades capaces de imaginar y sostener otros modos de vida, más allá de la dicotomía entre miedo y obediencia.

Un interesante giro educativo sería pasar de la pedagogía del miedo a una pedagogía de la imaginación política. Una educación que no se contente con repetir la historia de nuestras guerras, sino que enseñe a ver los patrones que se repiten y escribir los capítulos que todavía no existen. Quizá allí resida la mayor herejía posible en Colombia: educar no para mantener vivo el eterno retorno del miedo, sino para atrevernos a traicionarlo.

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viernes, 2 de mayo de 2025

LIBRO: Estéticas de la re-existencia

El sábado 10 de mayo estaremos en la Feria de Libro de Bogotá lanzando el libro Estéticas de la Re-existencia, texto que nace de un proceso de reconstrucción y diálogo con las experiencias que participaron en la Cátedra de paz del 2021 que lideró la Facultad de Bellas Artes de la UPN.  En esta publicación "buscamos recoger de una manera distinta las memorias de dichos encuentros, el interés apunta a reflexionar sobre las artes aplicadas a los procesos de paz a lo largo y ancho del territorio nacional: desde Catatumbo hasta San Onofre, de Soacha hasta el Chocó, de Icononzo a los Montes de María. Un viaje por el territorio en clave de revisión histórica de la violencia política y las apuestas artísticas para sostener viva la memoria y evaluar críticamente los procesos de paz".












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viernes, 25 de abril de 2025

Universidad del futuro: cocreando comunidades de aprendizaje

En este artículo expongo una breve reseña de la iniciativa La Universidad del futuro que nace en el 2021 en Bogotá - Colombia y que tiene como intencionalidad crear redes y comunidades de aprendizaje y educación integral alrededor del mundo. También describo los fundamentos narrativos que dan sentido a la experiencia tales como la abundancia educativa, las conversaciones profundas, el currículo como viaje, el maestro como intermediario y finaliza compartiendo las 9 aulas vivas que han surgido de las conversaciones (+ de 129 episodios) que he realizado en el videopodcast.

El texto fue publicado en el libro Horizontes expandidos de la educación, la tecnología y la innovación. Editorial Aula Magna. McGraw-Hill. España. 2024.

Enlace al artículo completo y al canal en comentarios...invitados a compartir y a suscribirse:



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lunes, 17 de junio de 2024

PODCAST: Imaginación Política / Pázala Voz / Universidad del futuro

Quiero compartirles 4 Podcast (26 episodios en total) que en los últimos meses he estado liderando gozosamente, en donde he podido nutrir encuentros, diálogos, amistades y abriendo conversaciones sobre temas importantísimos en el ámbito de la educación, el arte, el pensamiento ético y político.

1. Imaginación política: (4 programas con 17 radio en México enfocados a conversar sobre actuales negociaciones entre ELN - Gobierno, invitando académicos y líderes sociales):

 https://17radio.org/index.php/programas/imaginacion-politica/ 

2. Pázala Voz: (Programa del Cepaz de la UPN en el cual he creado 8 episodios en el contexto del diálogo sobre las artes y la construcción de paz): Radios comunitarias libres e itinerantes; Literatura y Memoria; Artes Visuales; Música y canto; Pedagogía & Justicia Transicional; Ruta de la Memoria UPN; Alfredo Molano Vida y Obra, Cepaz:  https://radio.upn.edu.co/podcast/pazalavoz/  

3. Co-creando Universidad del Futuro (diálogos colectivos): Sobre los suicidios (2partes) + Rituales de duelo y mortuoria (Fito y Ramiro); Lanzamiento de invitación a publicación udelfuturo; Arquetipos y poéticas; Literatura e inteligencia artificial (Jaime Alejandro Rodríguez); El campus de la udelfuturo (Fernando Ospina); Diseño de Juegos integrales (Raúl Aramayo): https://youtube.com/playlist?list=PLgrqitOpMuiAlppTDbIwmF1W5iLb6aBOg&si=wOYjHioLaBHeBm6N 

4. Serie la Universidad del futuro: Música, pedagogía y política: Samir Aldana (Ep. 109), Universidad, colaboración y transdisciplinariedad: Felipe César Londoño (Ep. 110),  Escucha, imaginación social y pedagogías para la paz: Alejandro Castillejo (Ep.111), Arte, Ecología Política y Diálogo de saberes: Rossana Lara (Ep. 112), Arte y Curaduría en clave decolonial: Phuyu Uma y Eyder Calambás (Ep.113), Pensamiento y emocionalidad en un mundo sin utopías: Roberto Palacio (Ep.114): https://youtube.com/playlist?list=PLgrqitOpMuiAl_1JxGgSFB30SB_KLso_0&si=a3os6j80D-Y_qE5C 


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lunes, 13 de mayo de 2024

3 ideas para pensar la educación del futuro

1. Necesitamos repensar y redistribuir no solo la riqueza sino también el estatus. En las últimas décadas le hemos dado muy altas valoraciones a los famosos, los influencer, a la gente de la farándula y rica, aquellos que tienen más likes y también valoramos de sobremanera a las personas educadas, con el deterioro y desmedro por aquellas personas que tienen otras aptitudes y desarrollan labores como las de la crianza, el cuidado, las empáticas, la que hacen los mediadores, enfermeras, educadoras, sabedores, campesinos, chamanes y los que se mueven entre habilidades artesanales, siendo muchas veces éstas actividades poco reconocidas y muy mal pagas. La educación además de apelar a la justicia cognitiva que tanto se habla en el Sur-Global, debe ensamblar y re-enmarcar de nuevo lo que hacemos con la cabeza, las manos y el corazón y darle un lugar especial y protagónico en la cultura, las instituciones y en la vida cotidiana.

2. Celebro mucho que más personas puedan participar en los procesos educativos formales. No obstante, una pregunta que casi nunca nos hacemos, es que ante la coyuntura de sobreproducción de profesionales, y a que muchos después de salir no consiguen empleos, esta crisis de las expectativas y desilusiones, nos vuelca a reimaginar y rediseñar todo el proceso educativo (pensarlo más allá de los procesos de escolarización): no podemos seguir exclusivamente la ruta de formar personas para el trabajo, solo unidas por edades y disciplinas de conocimiento, la obediencia y el rigor, ni tampoco en reducir la educación a la obligatoriedad por los contenidos, a contribuir a mayores grados de inteligencia, menos en tiempos de popularización de la IA que nos puede llevar a valorar otros campos, como la ética, la responsabilidad política, la inteligencia emocional, lo espiritual y la valoración y presencia de las inteligencias no computables, la toma de decisiones en situaciones de complejidad y a valorar otras formas de aprender y conocer.

3. Uno de los desafíos de la educación es crear inteligencia colectiva, materializada en  conformar equipos que trabajen juntos abordando problemas relevantes, personas que estén capacitadas para liderar procesos, mediar conflictos, emprender trabajos sociales y de cuidados, colectividades que definan las preguntas correctas, que sintonicen sobre lo qué es importante en determinado contexto y con una capacidad de comprender y colaborar en nuevas escalas; también volver a articular el cuerpo, el movimiento, lo emocional y la destreza de habilidades manuales que nos permitan ser muy recursivos en la cotidianidad y más soberanos en nuestras casas y territorios. La educación actual asociada a las lógicas del conocimiento formal y disciplinar, nos ha dejado muy precarios en las habilidades manuales y empáticas que nos sirven en la cotidianidad y en la salud de nuestras relaciones, nos ha dejado con dificultades para construir comunidades y ampliar los diálogos intergeneracionales, para pensar el presente e imaginar futuros en escala próxima y local y es por esto que la educación en todos los niveles debe ajustarse a estas necesidades y exigencias  de nuestro tiempo.


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sábado, 9 de marzo de 2024

Conversación sobre los suicidios

El suicidio, a pesar de que parece ser un asunto genuinamente humano, muy cotidiano en la cultura actual y en donde muchos de nosotros hemos conocido casos cercanos (ya sea en la cultura popular, amigos o dentro de la propia familia), es un tema que resulta incómodo y difícil de hablar y digerir. Al intentar hacerlo, es muy notable observar cómo algunos optan por salir rápido y cambiar de tema, otros arrugan la cara o impugnan asuntos morales y religiosos, diciendo que no tenemos libertad para esto o que la vida es sagrada; he visto también que algunas personas intentan como una salida rápida buscar un chivo expiatorio a quien culpar, otros ponen el foco en la salud mental, en los aspectos biológicos y otro conjunto de personas lo relacionan con variables sociales. Sea como sea, y sabiendo que en todas estas perspectivas hay algo de verdad, hablar sobre el suicidio, el acto del ser humano que prefiere morir a vivir es algo duro, genera muchas reacciones y un tema que no está exento de simplificaciones.

El caso reciente de 3 suicidios de estudiantes en la Universidad Pedagógica Nacional, me ha invitado a interrumpir los contenidos académicos y abordar el tema con diferentes personas, con el fin de abrir espacios para comprender con mayor profundidad y más perspectivas nuestros sentimientos y pensamientos al respecto y un acercamiento a nuestra propia vida y también a nuestras muertes.

La ruta de la conversación sobre la muerte voluntaria, nos abre a  explorar cómo es nuestra conexión con la negatividad y el absurdo, la relación con la pérdida, la tragedia, la desilusión y la finitud. Creo yo que hablar del suicidio además de una invitación a la vulnerabilidad, permite mirarnos a nosotros mismos de maneras sinceras y con mayor intimidad con nuestros dolores, hablar de nuestros límites, fallas y consuelos y de cómo nos encerramos a veces con nuestras propias ideas. 

En este encuentro quiero invitarlos a pensar en qué momentos la vida pierde su intensidad y su brillo,…. ¿Cuándo las situaciones de la vida nos desbordan, nos vemos frustrados y con brutal pérdida de significado? ¿Cómo lidiamos con este bache, con el absurdo de la vida… con lo que no encaja con nuestra perspectiva de ver el mundo? La pregunta por el suicidio quizá nos lleva a preguntarnos sobre cómo lidiamos con nuestras limitaciones, con nuestras oscuridades, porque hablar del buen vivir sin hablar del buen morir, es una historia incompleta.

Nos reunimos entonces en este episodio de la universidad del futuro a pensar temas complejos y paradojales con mayor honestidad, a fortalecer la amistad y una invitación a lidiar con lo que más nos cuesta lidiar: nuestra propia muerte. Hoy nos convoca la pregunta por los suicidios… hay muchos acontecimientos de nuestra historia reciente que están por digerir, muchas historias por contar, hay necesidad de mayor conexión, lazo social y empatía… una exigencia de salud pública de hacer nuestros duelos, cerrar nuestros ciclos de vida/muerte, honrar y llorar nuestras propias muertes….hay cosas que solo aprendemos cuando sentimos intimidad con nuestra propia finitud…. 

La pregunta por los suicidios parece ser un gran koan que necesitamos abordar… ¿qué significa vivir y morir, cómo nos relacionamos con nuestra finitud?….en qué momentos vale la pena vivir o morir? ¿Estamos listos para morir? ¿Con quién contamos y a qué comunidades podemos llevar nuestros dolores y desdichas? ¿Siendo la sensibilidad una potencia y un rasgo de muchos artistas, cuándo esta se vuelve contra nosotros? ¿Cómo lidiar con la desigualdad emocional, en la que lo que para unas personas es una tragedia, para otros es una circunstancia manejable? ¿Cómo ayudarnos a co-regular nuestros sistemas nerviosos? ¿En qué circunstancia optar por una muerte voluntaria es un acto de libertad y de coraje? ¿será lo desconectados que estamos de los demás, lo anestesiados, vivimos a menudo como máquinas, una causa de que este aumento de suicidios sea cada vez más alarmante? Habrán formas dignas de morir? Cuáles son los antídotos internos y ritualísticos para elaborar los dolores más profundos… qué papel juega el humor, la comunidad, la imaginación,…?  Qué patrones de trascendencia hay en las culturas?

¿A qué creen qué se debe el movimiento ascendente de los suicidios en nuestra cultura actual, especialmente entre jóvenes? ¿Cuánto influyen los medios y redes sociales, la crisis social y económica y los efectos pos-pandémicos? ¿en qué medida un suicidio puede ser un acto de liberación y cuándo un acto de venganza contra el sufrimiento, las desdichas, exclusiones interpuestas por la familia y la sociedad que nos ha humillado?

La pregunta por el suicidio (y en general por la muerte) es una invitación a la vulnerabilidad radical… una posibilidad para ponernos en el lugar del otro, a compartir nuestras notas necrológicas de muerte… si pudiéramos escribir nuestra última nota, qué diríamos…. ¿cómo sería nuestra escritura necrológica… qué diríamos de nuestra vida en el momento último, justo antes de morir?

Este intento de comprensión me ha hecho leer los Apuntes sobre el suicidio (2022) del filósofo británico Simon Critchley donde abre un espacio para reflexionar sobre el suicidio y ampliar el léxico de dicha reflexión. Por el texto trasuntan autores como Sócrates, Radicati, Hume, Durkheim, Albert Camus, Virginia Wolf, Jean Ámery, Edouard Levé, dialoga con las notas dejadas por algunos suicidas y va instalando paradojas y polémicas muy propio del acto filosófico… llegando a decir, que las notas son un “intento de entablar una comunicación,…el suicida no quiere morir solo, sino en compañía de una o más personas, a quienes la nota va dirigida…. "¿Por qué no intentar una mínima conversión que nos aleje de la autoaversión que nos lacera y paraliza aproximándonos en cambio hacia una posible versión alternativa de nosotros mismos?".

Con el sociólogo Durkheim, en su estudio sobre el suicidio, comprendemos que todos los suicidas no están locos…que hay diferentes tipos, las causas motivacionales varían - desde el engaño, la desilusión, la depresión, la enfermedad, la miseria, la vergüenza, la desconexión con los demás, amores no correspondidos - pasando por un tipo de suicidios altruistas que se refieren a personas que entregan su vida por una causa, una idea…como los activistas que se inmolan, los soldados que se entregan a una causa o aquellos que haciendo huelga de hambre terminan muertos por inanición.

El número alarmante de casos de suicidios demuestra una paradoja de nuestro tiempo: muchos avances en términos materiales, científicos y tecnológicos, pero también un aumento de trastornos de ánimo, complejidades existenciales y una pérdida creciente de sentido y significado de la vida. 

Después de leer el libro de Critchley me surgen más preguntas que respuestas…en vez de reflexionar sobre la pérdida de sentido, sobre la depresión y las conductas auto-destructivas, hemos preferido medicalizar a toda la población… cómo cambiar este diagnóstico tan reduccionista y capitalista... Cómo hacer para que en términos políticos podamos contribuir al desarrollo psico-emocional, socio-económico y cultural de la población que le permita más seguridad, buena salud, mejor información y educación y escenarios de reconocimiento y derechos culturales para el despliegue de sus potencialidades?

No quisiera terminar sin dejar de invitarles a abordar estos temas con compasión, a fortalecer las comunidades de amigos y amigas, a conectar y sentir la naturaleza, a fomentar prácticas más lentas de atención y ralentizar la vida, a evitar los círculos viciosos de las humillaciones y ser parte de la cultura de cancelación por redes y de juicios destructivos, a emprender prácticas integrales de vida, a buscar trabajos, hábitos y prácticas significativas, sanar colectivamente los traumas personales y colectivos y sobre todo a ser sinceros con nuestros dolores y sufrimiento.  

En términos políticos, creería pertinente más estímulos para las conexiones sociales, comprometernos con el desarrollo psicológico de la población, aumentar los espacios de aprendizaje, los intercambios abiertos en educación, facilitar espacios institucionales donde no humillen a las personas...esto significaría crear una sociedad decente (Avishai Margalit), espacios más activos de reconocimiento mutuo, valoración social y ampliar los derechos sociales y culturales... mejor redistribución de las riquezas,  renta básica universal y una infraestructura de sistemas educativos, médicos y deportivos más robustos en la sociedad.


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jueves, 29 de febrero de 2024

Ritual de la abundancia (Instalaciones / mediabiografías)

Inspirado en el concepto de mediabiografías de la artista Virginia Villaplana, esta semana facilité un taller donde los estudiantes del seminario: Diálogo de Arte, Ética y Política (Maestría en Arte, Educación y Cultura de la Facultad de Bellas Artes de la UPN), realizaron instalaciones artísticas donde evidenciaron las transformaciones más relevantes de sus vidas. Este ritual de la abundancia, implicó además de humor y creatividad, una post-producción de los archivos íntimos y la manipulación recursiva de objetos, espacios, imágenes, videos, cartas, relatos, música,  vestidos y objetos sagrados.

Lo sagrado en este experimento, hace alusión a que además de acrecentar la atención del grupo, es una actividad que une almas, crea vínculos y empatía, invita abrir el corazón y las tripas y a conocernos con mayor profundidad. También fortalece la confianza dentro el grupo ya que en este se comparten las pasiones, los conectores humanos y no humanos, las transformaciones de la identidad, los arquetipos de la personalidad, las habilidades y talentos y también las dificultades, las tragedias, oscuridades, duelos y pérdidas.

Instalación: Allison Rodríguez

Para este I semestre de 2024 nos tomamos 3 pisos de la Universidad para la instalación de las obras. El recorrido inició en el primer piso con un ambiente muy acogedor creado por Lorena Ortiz, donde se ofrecía un menú variado y delicioso de cafés: café de la curiosidad, de la infancia, café de desagrado, doble expreso de aventuras… En este espacio se podían explorar videojuegos, observar una instalación con Totoro (su juguete favorito), tierras y objetos de distintos países. A continuación pasamos a escuchar el relato emotivo de Helena sobre su pasión por el circo, los viajes realizados por América Latina y en su instalación se hallaban  moños, aros, vestidos, fotos e imágenes de su hija y de algunas personas queridas. 


Instalación: Lorena Ortíz
Instalación: Helena Galeón

Subimos al segundo piso y visitamos 3 ambientes, los primeras dos, de Jeimy Lorena y Yulieth, el primero se exponía mediante un móvil fotos de sus seres cercanos y otra parte acompañado de objetos. Lorena mencionó la influencia inspiradora de un profesor, su pasión por el Rugby y las dificultades y totazos que trae intrínseco la vida; más adelante, caminamos a la instalación de Christian, quien emplazó los íconos de los chacras en el suelo, y dentro de ellos podía uno observar un collage de fotos de su historia personal… de ahí se desplegaban hilos de colores que conectaban con lo que para él es lo más espiritual de su existencia: el RAP (en esta instalación sonaban de fondo sus más recientes producciones musicales). 


Instalación: Vanessa Bustos

En el Altillo,  iniciamos el recorrido con un collage de fotos y objetos entrañables de Diana, donde abrió su corazón y nos contó sobre su tránsito de Caquetá a Bogotá, sus tensiones con familiares y jefes y también su poder de resiliencia. Fue un relato muy emotivo, que al final más que retroalimentarlo con palabras, lo que me surgió fue abrazarla. Pasamos a una esquina donde se encontraba Allison presentando una micro-instalación muy bella donde se hallaban 2 baúles pequeños con imágenes y la proyección casera de imágenes con acetatos. Diego, ilustrador y grafitero, siguió el relato y pasó a contarnos sobre su abuela quién le enseñó a enfrentar los miedos y su pasión desenfrenada por rayar todo lo que se encontraba en el camino. Vino luego Gabriel contándonos su pasión por la música, la literatura (especialmente los escritores Kafka, Hesse, Borges) y la importancia de la familia expandida. Eliana compartió preguntas existenciales, las leyes y prohibiciones familiares, su deseo, el cuerpo, lo espiritualidad y la danza. Vanessa hizo su instalación con una sombrilla pegada al techo y  al ubicarse debajo de ella colgaban algunos objetos importantes de su vida; el relato lo acompañó con un bullerengue y entre los objetos estaba una tortuga tejida, un chumbe, un colibrí de papel, el símbolo del agua y abajo unas semillas esparcidas por el suelo que según ella se le aparecieron de modos azarosos en su vida. Ximena compartió un relato de la infancia con fotos, su mascota, su vínculo con el patinaje y su pasión por la educación infantil.


Ximena Rodríguez

Instalación-juego: Daniel Bustos

Julian Hernández

Instalación-juego: Daniel Bustos

Daniel, un estudiante proveniente del teatro y la improvisación, presentó su instalación-interactiva, conformada por una mesa donde estaba un sombrero, la nariz de payaso, un gorro de lana, un timbre, unas gafas, un IPAD y unas cartas organizadas en hilera donde estaban instrucciones del juego. En un tarjeta  venía la primera instrucción donde invitaba a todos a coger una carta de la mesa. Después de dar la bienvenida, se mencionaron unas reglas y la realización de unas actividades creativas y de improvisación para hacer en parejas en un tiempo establecido. 

Finalizamos este ritual de la abundancia con 4 obras, la primera es la narrativa de Julián, que enfatizó acerca de su linaje familiar, su inquietud por las artes gráficas, la memoria social, el cuidado del territorio y relatos conmovedores caminando al lado de comunidades campesinas e indígenas; la instalación audiovisual de Jorge, un collage sonoro que mezclaba apartes de su banda sonora (el vallenato amalgamado con el poema sinfónico que realizó para su pregrado), la imagen de una camiseta de Iron Maiden y un relato donde afirmaba las artes yendo en contra de lo que opinaba su familia; Andrea nos mostró sus dibujos fantásticos, su gusto por el patinaje y Sergio cerró el evento compartiendo con humor negro su vulnerabilidad y su relación con la pérdida y las dificultades en su vida.

Son muchas cosas que quedan después de este ritual tan fascinante y conmovedor; intuyo que lo que se vivió aquí es la fuente de lo que vendrá, es como un telar en construcción, un acorde luminoso, una manera de crear comunidad y de sentir esperanza; necesitamos escucharnos con más atención y más profundamente y poder así inventar cosas que nos hagan brillar los ojos y nos den muchísimas ganas de vivir.


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