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jueves, 30 de abril de 2026

Tejiendo escucha, creación y dignidad

Desde el semestre pasado venimos gestando un espacio que hoy ya es una pequeña comunidad en movimiento: el semillero Arte, Comunicación y Culturas de Paz. Nació con una intuición sencilla pero potente, encontrarnos desde distintas disciplinas para crear juntos, explorar didácticas para la paz y amplificar voces que muchas veces no son escuchadas.

Hoy el semillero reúne estudiantes de distintas licenciaturas, maestría, egresados, personas del territorio cercano a la universidad y también estudiantes de la UPN que se encuentran en situación de prisión domiciliaria, ampliando así las formas de encuentro, participación y construcción colectiva más allá de las condiciones convencionales.

Un espacio abierto donde el arte, el juego, la escucha y la creación colectiva se vuelven herramientas para pensar y hacer paz en lo cotidiano.

En este camino hemos venido creando y participando en el programa radial Pázala Voz del CEPAZ, donde ya hemos realizado emisiones sobre:

Música sin barreras 

Creación radial en contextos de encierro 

Experiencias colaborativas con otras iniciativas...

Pero el proceso ha ido más allá…

Gracias a conexiones vivas entre estudiantes y procesos en territorio, iniciamos una experiencia de investigación-creación colaborativa con personas privadas de la libertad en la Cárcel La Vega de Sincelejo, en articulación con CECAR y CEPAZ.

Encuentro Semillero CEPAZ y CECAR

De este encuentro emerge un proyecto que nos moviliza profundamente:

“Piezas sonoro-sensoriales sobre las cinco pieles que nos cobijan”

Una apuesta por abrir oasis de resonancia en contextos de encierro, donde la escucha, la creación y la palabra permiten reconectar con uno mismo, con los otros y con el mundo.

A través de prácticas artísticas colaborativas, estamos co-creando 5 piezas sonoras que nacen de historias, emociones y experiencias de vida, atravesadas por el cuerpo, la identidad, el territorio y la memoria.

Este proceso no busca “dar voz”, sino escuchar y construir con otros, reconociendo la dignidad, la potencia creativa y la humanidad que persiste incluso en los contextos más difíciles.

Recientemente recibimos apoyo para la creación de estas piezas y avanzamos también en un sitio web multimedial que reunirá este archivo vivo de experiencias.

Muy pronto estaremos compartiendo más: sonidos, relatos, metodologías y aprendizajes que puedan inspirar a otros a crear, escuchar y transformar.


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viernes, 21 de noviembre de 2025

14 proposiciones sobre el pensar

1. No todo debe volverse objeto de reflexión: hay realidades que solo se dejan tocar por dentro, como si exigieran ser vividas antes que pensadas.

2. No siempre se piensa mejor pensando más; a veces pensar es soltar, dejar que fuerzas más antiguas que la razón nos atraviesen, nos desarmen y abran otras formas de lucidez.

3. Hay escenas que no admiten distancia: nos llaman, nos reclaman, nos exigen la piel, el cuerpo, la presencia; solo se comprenden participando.

4. El pensamiento tiene potencia simbólica y oracular: es, hoy, un arte profético que opera por resonancia y se expresa como filamento poético.

5. Pensar no surge de la seguridad, sino del temblor, de la fisura, de la grieta, de la herida, de la carencia, de la pérdida y de la disconformidad que rompe la inercia.

6. En el proyecto vital, el pensamiento deviene entrenamiento de la voluntad y de la imaginación: músculo de sentido, disciplina de libertad.

7. Cuando no toca tierra, hogar, vínculo, ni obra social, el pensamiento se desvincula; flota sin rumbo y se vuelve refugio para huir de la vida.

8. Pensar exige profundidad: hacer preguntas que perforan la superficie y descienden hasta el fondo móvil de las cosas. Pensar es ampliar el campo del asombro.

9. El pensamiento no es solo labor de la mente: es carne, emoción, arquetipo, memoria fisiológica, atmósfera cultural, cicatriz familiar. Pensar es también sentir, y sentir es también comprender.

10. Pensar se vincula con un gesto de madurez y cuidado: hacerse cargo, asumir la propia potencia y fragilidad, responder por lo que vemos y también por lo que evitamos ver.

11. El cuerpo es territorio del pensamiento: cuando se contrae, la mente se endurece; cuando se flexibiliza, la mente aprende a escuchar.

12. Si la realidad es un tejido de relaciones, transformarla exige transformar los personajes, máscaras y roles que encarnamos, así como las escenas donde configuramos nuestra vida.

13. Las ideas no pueden ser universales ni atemporales: deben nacer del movimiento histórico y dialéctico de lo que vivimos, del pulso concreto de los procesos.

14. Como dice Timothy Morton, las ideas son faros en la noche: iluminan, orientan y abren camino. Pero no podemos quedarnos pegados a ellas como polillas hipnotizadas; su luz es para avanzar, no para girar en círculo.

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sábado, 7 de junio de 2025

Mi historia con la radio o el relato de un alma en resonancia

En los albores de mi infancia en Cali, cuando el tiempo era murmullo y juego y la vida se abría ebria en aromas a mango y chontaduro, resonaba en mi casa las voces encendidas de los narradores de fútbol. Eran transmisiones radiales que una mujer joven ponía a todo volumen mientras hacía oficio. La casa vibraba con la pasión de los diablos rojos en su  época de oro cuando jugaba Gareca, Falcioni, alternábamos con el juego callejero del metegol y en una Navidad a finales de los ochenta, recuerdo que ya empezaba a lucir las pantalonetas apretadas del Pipa de Ávila, que me hacía encarnar la agilidad del 7, la velocidad del relámpago y la finta imaginaria. 

En esta experiencia que les cuento, el fútbol se abrió primero como escucha sonora y luego como deporte practicado con intensidad al final de mi bachillerato en los andenes en el Olímplico y más disciplinadamente en Ferroclub. Pienso ahora que la radio tuvo que ver mucho en mi iniciación al fútbol, pasé a ser fan de “la mechita” y luego volante de creación y central en la 1C en la Universidad Nacional de Colombia y del equipo Once Caldas. Por poco me convierto en futbolista profesional, pero el asombro, la curiosidad, el arte, la filosofía y la pasión por la patafísica y el conocer me jalaron a la Universidad.

Los sonidos del mundo natural también tejieron su urdimbre en mí y orquestaron mi forma de ser: los pájaros, los grillos, las cucarachas, el sonido de los chiminangos, las aguas del Río Pance, el parque de la Caña como escenario de juego y asombro, la música de Henry Fiol y el Grupo Niche, Ismael Rivera, Fruko y sus tesos, los Latin Brothers, Héctor Lavoe, La selecta, Oscar de León, La Fania, Guayacán, El Gran Combo… eran los músicos que surcaban por los barrios de Cali día a día.

A principios de los años noventa nos trasladamos a Pereira, y allí, como un niño transitando hacia su adolescencia descubrí la magia de una grabadora con una larga y espigada antena. El ritual nocturno consistía en pararme sobre la cama y, cual chamán, buscaba frecuencias lejanas, emisoras de otros países, voces ajenas que llegaban como murmullos de estrellas. A veces, entre la estática, se colaban conversaciones telefónicas que la antena sintonizaba como secretos del aire. No importaba comprender lo que escuchaba; lo clave estaba en el asombro y en sentir que el lenguaje se estiraba como un puente entre mundos.

Así aprendí a tener cierto gusto por las historias misteriosas y complejas, y fue en un programa de la Universidad Tecnológica de Pereira a principios del siglo XXI, donde escuché por vez primera hablar de agujeros negros, la cuadratura del círculo, la astrofísica, la mecánica cuántica y  Aristarco de Samos con su visión heliocéntrica del mundo… un espacio para navegar  otros mundos. En ese momento atestigüé el poder oracular de la radio.

En mi adolescencia, escuchaba frecuentemente Radioactiva, los riffs de Nirvana, el grunge como grito existencial y el metal como rito iniciático. La Cortina de Hierro era mi iglesia pagana, y en los fines de semana escuchaba Soda Stereo, Caifanes, Aterciopelados, Police, Pink Floyd, Led Zeppelin, Metallica, Iron Maiden, Ekhymosis, Green Day y un largo desfile de espíritus eléctricos.  Como buen coleccionista en formación y el gusto por la música, pirateaba los casetes de mi madre. Lo que hacía con ellos es que les daba nueva vida, dibujaba sobre el anverso de ellos, les ponía nombres, los marcaba con mi tinta interior. En los casetes que iba ensamblando, vivían las voces de la emisora cultural Remigio Antonio Cañarte y sus maravillosos programas, ecos de jazz, funk, Piazzolla, Al Di Meola, Víctor Jara, Violeta Parra, y las músicas colombianas hermosas que mi madre aún escucha cada mañana como si fueran parte de su oración cotidiana.

Luego vino el internet y comencé a buscar sonidos del mundo: músicas errantes, voces nómadas y ritmos de otros continentes. Así nació Fosa Orbital, nuestro espacio musical en la 98.5 fm UN Radio entre 2008 y 2010. Allí divulgamos lo encontrado en el viaje musical que compartía con mi primo Leo: afrobeat, blues, reggae, electrónica, cumbia, dub, flamenco, hip hop, drum&bass, funk, nuevas músicas colombianas. Por el programa pasaron Carolina Botero de la Fundación Karisma donde habló de la importancia del las licencias Creative Commons, se lanzó el segundo disco de Meridian Brothers, Este es el Corcel Heroico que nos Salvará de la Hambruna y Corrupción, hacíamos fiestas en bares y la musicalización y remix de la película “el hombre con la cámara” de Dziga Vertov y sellamos esta primera década del siglo bailando en el gran toque de Mad Profesor y también un festejo descomunal en el Iberoamericano de Cultura en Medellín donde estuvo Silvio Rodríguez, los Van Van, Fito Paéz, Susana Baca y recuerdo muy bien fue cuando conocí a Emilsen Pacheco y al gaitero Paíto Sixto Salgado.

La magia de la radio se transformó en la navegación errática del internet y en la compulsión por las descargas piratas y por bitorrent. Pero el deseo no murió. Por una parte, conocí el impacto de Radio Sutatenza como modelo edu-comunicativo en Colombia, Radio Victoria de mi amigo Alejandro Araque, Radio Libre, Altair, Noís Radio, el programa perdidos en el espacio de Chile y profundicé en una suerte de etnografía en mi tesis de Maestría con Martín Giraldo fundador de Radio Cápsula, interesado en aquel tiempo en la librecultura el streaming y las músicas electrónicas. Con las brasas de Fosa Orbital hicimos programas independientes, pequeñas constelaciones de sonido y una última expedición en el estallido social rodando el documental Cacerobeat. 

La radio y sobre todo la consciencia de lo sonoro regresó como pulso vital en tiempos de encierro y pandemia. En medio de aquella pausa evolutiva, en el 2021 comencé a hablar con amigos y amigas educadores, investigadores, artistas y activistas  que inspiraban nuevas formas de educación, comunicación y cultura. Y así regreso de nuevo a los micrófonos, esta vez como creador y locutor de nuevos espacios: las video-conversaciones con la Udelfuturo (130 episodios); el programa radial Pázala Voz del CEPAZ en la UPN; el podcast Imaginación Política en 17 Radio; el podcast de la Revista Pensamiento, Palabra y Obra; podcast Resonancias Viajeras que realizo con el parcero Fito y ahora continua el viaje como líder de un semillero del CEPAZ donde el arte, la paz y la comunicación convergen.

Para el segundo semestre estaremos proponiendo un curso de Narrativas Sonoras para la Paz en alianza entre Cepaz y la Unidad de Víctimas. El propósito: dar dignidad a las voces de las víctimas del conflicto armado, sus sueños, proyectos, hacer del sonido una semilla, una medicina, una plataforma de memoria y esperanza de futuro. También estaré liderando el semillero del CEPAZ arte, comunicación y culturas de paz, en el que estaremos produciendo junto con estudiantes de la UPN dispositivos didácticos y lúdicos para la construcción de paz y experimentando con producciones radiofónicas y sonoras.

Así me siento y escucho hoy, como un habitante entre ondas, un peregrino de frecuencias, un nómada en la fosa orbital, un amante del eco y de la interferencia. En cada transmisión, en cada grabación, sigo escuchando el murmullo del universo que me sigue susurrando asombro y misterio.






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martes, 2 de mayo de 2017

Resonancia Mórfica (Rupert Sheldrake)

Antes de la invención de las telecomunicaciones modernas, la telepatía habría sido la única manera en que la gente podía conectarse a distancia... Muchos la han considerado como superstición, pero la telepatía es natural, es parte de nuestro devenir evolutivo como especie y parte de un vínculo emocional y de la resonancia morfica....algunos ejemplos de perros, gatos y caballos que leen las intenciones de las personas, que saben cuando llega su amo, gatos que reconfortan y curan, animales que anticipan situaciones, personas que llaman a otros con el pensamiento, algo que a muchos nos ha pasado de anticiparse a pensar en alguien y esa persona llama, gatos que responden el teléfono... Tanto nuestros pensamientos e intenciones, así como nuestra autorrealización y plenitud pueden ser un gran regalo para toda la familia humana y las futuras generaciones.

El pasado, el presente y el futuro están conectados por un hilo sutil, una huella invisible que autorresuena con la conciencia de la especie y del cosmos, de la humanidad vibrante que estamos encarnando aquí y ahora. Así que en cada presente tejemos todo el cosmos y el cosmos así mismo nos teje instante tras instante


Todo está conectado y nuestra realidad tiene de ensueño como de despertar, de luz y sombra, de razón y de pasión, de sufrimiento y alegría, de día como de noche. Experimentamos que somos uno con el todo y que nuestro ser se halla tejido por la experiencia física, mental, emocional y espiritual y por una conciencia colectiva global que es resonante con nuestra evolución. Lo que hagamos por que esa red íntima y global prospere, se teja bonito, se despliegue, ya sea la familia, nuestros hijos, los vecinos, desconocidos y todos los seres vivientes, va a ser un pasaporte de generosidad para nuestro despertar y para fundar una nueva conciencia global. Los pensamientos, acciones y meditaciones que hagamos por el bien de todos serán parte de un fuego que hará encender todos los corazones y de una gesta cultural viva de un nuevo continente.


La forma y la conducta de los organismos no deben su origen exclusivamente a interacciones mecanicistas del interior del organismo, o entre el organismo y su medio inmediato; también dependen de los campos que los organismos sintonizan…..


La especificidad de la resonancia mórfica depende de la similitud de los patrones de actividad que entran en resonancia. Cuántos más similares sean los patrones de actividad, más específica y eficaz será la resonancia…..El presente está constituido por varios ciclos de vibración; así la duración del presente depende de las frecuencias de vibración características del organismo. Cuanto más lentas sean, más prolongado será el presente. En general, la resonancia mórfica más específica que actúa sobre un organismo dado es la de sus propios estados pasados, porque se parece más a como era él mismo en el pasado, especialmente en el pasado más inmediato, que ningún otro organismo.

El campo, como fundamento de la vibración, debe durar o persistir en el tiempo; la persistencia en el tiempo, que conlleva una conexión entre el presente y el pasado, es inherente a la naturaleza del campo.

A medida que se actualiza a sí mismo, su propia estructura particular tenderá a mantenerse por autorresonancia con la estructura de probabilidad global del campo.

Notas extraídas del libro La presencia del pasado del biólogo Rupert Sheldrake

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