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miércoles, 12 de mayo de 2021

El sentido del nosotros (identidad grupal)

Reflexiones sobre el sentido de pertenencia y la identidad etnocéntrica

Todas las personas necesitamos apego seguro, sentido de pertenencia y anhelamos sentirnos escuchados, vistos, valorados y reconocidos por los demás. Cuando esta condición y base no se tiene, o es muy precaria, trae como consecuencia algunos problemas en las relaciones, manejo de las emociones, afecta incluso la posibilidad de sobreponernos a las dificultades, reflejada en menor capacidad de resiliencia, y a veces estamos más propensos a enfermedades, como lo mostró hace unos años el gran estudio longitudinal sobre Experiencias Adversas en la Infancia (ACE).


En nuestra constitución ontológica, biológica e histórica, está el ser sociales, la necesidad del vínculo, la empatía, la conexión profunda, la necesidad de participar en grupos donde nuestra identidad se reafirme, se re-construya, aprenda, negocie, colabore, avive el poder de trascendencia, esto está asociado a la necesidad de pertenecer a algo más grande y al anhelo de conexión social. Nuestra consciencia actual, la inclusión de más justicia y compasión y el desarrollo de tecnologías sociales más sofisticadas, ha estado mediado por la calidad de nuestras interacciones.

En estas relaciones con los demás, como nos han mostrado las neurociencias, a su vez co-regulamos muchas de nuestras emociones, se crea y modifica el cerebro y se irrigan en el cuerpo distintas hormonas, cambiando nuestros estados anímicos, ya sea de estrés, o también, oxicoticina, dopamina, adrenalina, dependiendo del ambiente en que nos encontremos. Incluso el ambiente modifica en mujeres embarazadas la genética de sus descendientes, como ha revelado los trabajos sobre epigenética.

Las relaciones son entonces un bien común y parte de la riqueza colectiva de las sociedades. Entre mejores relaciones tengamos, la vida colectiva será más plena para todos. Todas las relaciones afectan la vida en común, nuestros aprendizajes y a la política. Se ha comprobado que personas con dificultades por adicciones o traumas, se recuperan mas fácilmente al tener mejores redes de apoyo. Esta necesidad de pertenencia y de consciencia grupal trae todas estas buenas noticias.

Ahora veamos y exploremos como en otras circunstancias, la necesidad de identidad grupal a veces se vuelve insana, ejemplo de esto son las identidades etnocéntricas, o del egoísmo grupal, que señalan "solo mi grupo", "solo mi verdad", "mi tribu, mi etnia, mi raza, mi bandera", “la razón siempre la tiene mi equipo”, mi género, mi comunidad, “mi dios es el único verdadero” o notoria en expresiones que señalan “el que piensa distinto a mi está contra mi”,...estas identidades grupales pueden llegar a ser tan férreas y rígidas que muchas personas incluso dan su vida por su tribu, su país, su equipo, su partido, su etnia, su ideología y grupo político o religioso. 

Esta tendencia moral etnocéntrica, afecta muchísimo la vida colectiva y el proceso de verdad, justicia, reparación y reconciliación en el que necesitamos pronto como país arribar. Quizá al no poder incluir más perspectivas, más contradicción, complejidad, ambigüedad e incapaz de lidiar con el sufrimiento, grandes capas de la población viven y se sobre-identifican con esta moralidad estrecha, entorpeciendo la paz, las relaciones y estas tensiones insalvables entre grupos actualmente han impulsado muchas guerras culturales en el mundo, como el actual conflicto entre Israel y Palestina, la creciente homofobia y xenofobia, el racismo, clasismo, las violencias sexuales y las violencias desatadas en Colombia que han desnudado muchas heridas históricas irresueltas.

Otra situación muy preocupante a la que habríamos de prestar mayor atención, es que muchos jóvenes en su soledad, alienación y falta de sentido y conexión, vienen a anidar - en sus ansias de pertenencia - en colectivos que les brindan un sentido de trascendencia, lo vemos en los que se ven tentados a integrar grupos terroristas, skinhead, fanáticos en cualquier área, en comunidades evangélicas conservadoras, jóvenes ansiosos de pertenecer en bandas, pandillas, grupos que hacen cumplir la ley, y los hacen sentirse grandes y empoderados, o las barras bravas de los equipos de fútbol, en grupos identitarios o culturas juveniles dogmáticas, o más actualmente en grupos extremistas sea la inclinación política que sea, identidades que defienden solo mi polo favorito, mi clase, mis privilegios, mi música, identidades construidas en torno al activismo social, o también comunidades de extrema derecha en Estados Unidos como Qanon y MAGA; en tiempos de pandemia hemos visto el resurgimiento de grupos conspiranoicos de cualquier tipo.

Hay que estar atentos en estos tiempos de emergencia y crisis social global a la creciente polarización que se expresa en el juego de Ping-pong, entre Nosotros vs Ellos, la causa como veíamos de la mayoría de guerras y conflictos en el mundo. Observemos con curiosidad algunas de las señales, comportamientos y actitudes de una identidad etnocéntrica, es decir, de una moralidad basada solo en mi grupo, tribu, raza, clase, género, pueblo: respira profundo, aquí vamos. 

-La base emocional de esta identidad grupal está generalmente basada en la lucha y confrontación, en generar una identidad en relación a heridas no resueltas...la ira, la mayoría de veces es mal enfocada y canalizada. 

- Formas de saber y de pensar que minimizan la complejidad de la realidad (percepciones distorsionadas en 2D y sin matices) a la par que uso frecuente de comentarios reactivos y odiosos, muchas veces aderezados con generalizaciones exageradas.

- Dificultad para conversar y escuchar posiciones distintas a la suya; cada vez que se abordan problemas complejos suelen responder de las mismas maneras...te ha sucedido alguna vez conversar con personas que siempre repiten como loros lo mismo? 

- Dificultad para intimar con el yo singular, esta identidad es a menudo repelente al mundo interior.

- Tendencia a creer y seguir a ciegas a un líder e incondicionalidad con el gurú, haga lo que haga; estas personalidades suelen también idolatrar a personas famosas, líderes o héroes.

- Suelen darle muchísima importancia a lo que piensan y digan los demás y tentados a culpar siempre al enemigo.

- La relación con la verdad, en una identidad estrecha y orgullosa en exceso de si misma, suele generar un ambiente propicio para inventarse los hechos o negarlos a través de noticias falsas, autoengaños o fake news, manipular la realidad a su antojo.

- Reiteración en conductas o comportamientos que los distancian emocionalmente de los demás disminuyendo la capacidad de empatía y conexión y finalmente, alfombran en un tapiz el escenario para la lucha, la hostilidad, el chisme y la separación induciendo comportamientos conservadores, rígidos, fanáticos, (cons)paranoicos y destructivos. 

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martes, 17 de noviembre de 2020

El joven Ahmed

 Ni el islamismo, ni el Cristianismo, ni ninguna religión es, en sí, fanática. El fanatismo surge y se establece en las psiques de las personas, debe ser nutrido a diario, una suerte de alienación y adiccion, en donde ciertas personas llevan al extremo algunos pasajes de los libros sagrados....llenan sus vacíos con consuelos, creencias y falso Eros. Cada forma y tradición religiosa es interpretada según el nivel de desarrollo y conciencia de las personas, es curioso en el Cristianismo como conviven la espiritualidad liberadora, integradora, mística, revolucionaria, con una línea más mítica, fanática y etnocentrista...en el Islam como conviven desde la belleza de la poesía amorosa sufí de Rumi, el corazón esotérico y místico del islam, con interpretaciones fanáticas, dogmáticas, egoístas y donde las personas se sacrifican literalmente. De lo anterior, habla la última película de los hermanos dardenne, con su cine social y cuasi documental, sobre la relación entre salud mental, juventud y el fanatismo, donde como es usual en la mayoría de sus películas, dejan abierto multiples preguntas y en el caso especifico de este film, como coptan los imanes radicales a los jóvenes, dándoles apego seguro, pertenencia y falsa trascendencia



Para complementar sobre este tema, les comparto una cita de un libro hermoso que leí hace unos años sobre el fanatismo escrito por Amos Oz....”El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier Estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo... Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana.  Un fanático es una persona que de ningún modo cambia de opinión y de ningún modo permite que se cambie de tema. El desprecio general es uno de los componentes de cualquier fanatismo...Cuanto más complejos se van haciendo los problemas, más y más gente está hambrienta de respuestas muy simples. Una fórmula que lo cubra todo. Pero muy a menudo se trata de mensajes fanáticos...Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar....A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte...El fanático se desvive por uno....De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto....El sentido del humor es un gran remedio. Jamás he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor”



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jueves, 1 de agosto de 2019

El insulto

En la película el Insulto (2017) "se muestra la dificultad que tienen algunas personas para aceptar la reconciliación y pasar la página a la historia. Los temas tratados son realmente muchos y muy universales: el odio e intolerancia entre pueblos que comparten un mismo territorio y la inquietante relación entre política y religión". 
https://www.filmaffinity.com/co/user/rating/771379/762191.html


El insulto una gran película del cineasta libanés Ziad Doueiri, muestra los ecos profundos de la violencia, la vanidad, el odio (la incapacidad de negociar, hablar, reconciliar) y el etnocentrismo (nosotros contra ellos). Todo empieza por algún disgusto, un insulto, una pequeña situación o diferencia que nos molesta y que no alcanzamos a digerir y dirimir,... no la conversamos, la ocultamos, la dejamos pasar, esperando que el tiempo u otro agente exterior lo haga....al no encarar el asunto sobreviene el tsunami emocional, la avalancha de ira, la polarización, la distancia, la frialdad, las cada vez más pocas claridades, la adicción, una espiral de violencia. No asumir responsabilidades frente a lo que nos pasa, desencadena una cadena de negaciones, regresiones e incomprensiones: es seguir presos en la inmadurez. El film evoca lo difícil que es sacrificar al ego por el bienestar y la relación, muestra que somos demasiado orgullosos y egocéntricos y también interroga sobre la cuestión de las víctimas y se pregunta quién tiene el monopolio del sufrimiento?. Muy recomendada.

"No pocas veces las vidas se hunden por una nimiedad. Un pequeño accidente, una discusión absurda, una casualidad, un malentendido. Un golpe del destino que, por culpa de nuestro orgullo, de nuestra terquedad, y de un equivocado planteamiento hacia el fácil arreglo, va degenerando en un problema más grande, mucho más complicado de erradicar, que revela prejuicios, traumas interiores, resentimientos del pasado" https://elpais.com/cultura/2018/03/14/actualidad/1521066551_457422.html

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domingo, 1 de julio de 2018

Fanatismos de las ideas

Un problema interesante de meditar hoy, es el que se refiere a los FANATISMOS DE LAS IDEAS: demasiado apegados estamos a lo que sabemos, a lo que somos, a lo que hemos estudiado (una generación emplazada en la idea vanidosa del yo), a las verdades parciales de las disciplinas, al confort de la ciudad… A lo mejor, necesitamos trascender e integrar otros elementos que han estado al margen de nuestra conciencia. La izquierda, cuyas aspiraciones no se reducían solo a la igualdad de derechos, sino a la transformación social, se ha quedado estancada en lo racional y es arrogante con todos los que no son como ellos, está aún en lucha con todo y se apoya en vanas teleologías románticas de lo social; los maestros, estancados en dar razones, que se las creen saber todas, absuelven la posibilidad del cambio y transformación; la economía, se ha quedado sin su complemento: la  escala local, la solidaridad y la riqueza comunitaria, la que la dota de dignidad y de bienestar a toda la humanidad; la salud, es bastante superficial, solo evidencia cuadros clínicos físicos, que resultan obviando la unidad ontológica del ser humano y su mediación en la curación; la política se ha quedado sin suelo, sin comunidades de práctica y con una fragmentación extendida partidista; la educación superior no logra trascender el enfoque posmoderno, con grandes discursos, en contextos de reflexión extremadamente dualistas, condenados a la subversión y a la deconstrucción, pero carente de experiencia, del sentido de la belleza y de un sentido profundo de totalidad y de integridad;

Para ir más allá de este mundo fragmentado, podemos intentar una unión más amorosa, duradera y sostenible con todo, sentarnos a mirar con nuevos ojos el mundo relacional, los problemas globales complejos; con una escucha profunda, desde una apertura más amplia (nivel de conciencia más receptivo), hackeando los prejuicios, yendo más allá de nosotros mismos, con la creatividad, responsabilidad y libertad más amplia que podamos y diseñando prototipos sociales en donde se experimente la plenitud, las virtudes y la mejoría en las relaciones que tenemos con nuestros semejantes, la madre tierra, el alma y las futuras generaciones.


La crítica es a las ideas fanáticas en cuanto tal…vengan de la religión, la política, la izquierda, la derecha…. realmente, estoy profundamente agradecido con los logros de la izquierda:  la justicia social, el pluralismo, la inclusión, el cuidado del ambiente y de los derechos… Lo que quiero subrayar es que he notado en muchos amigos y líderes que se enuncian aún desde allí (y muchos están en la academia) su fanatismo y estrechez mental, son poco compasivos y les cuesta dialogar con personas que piensan distinto y a menudo demuestran ser muy radicales. Lo que resultan haciendo muchas veces, en vez de tejer unidad, es generar brechas entre todos, distancias que parecen insalvables y aún cuando se dicen post-estructuralistas y quieren el cambio social, siguen legitimando visiones estructuralistas que poco espacio dejan para la transformación de los hábitos y del mundo interior de las personas.

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