jueves, 29 de abril de 2021

Pedagogías de la conexión

Ante tanta división, disociación, uniformidad, hiper-intelectualización, luchas por la verdad y el poder, fanatismo, polarización y eficientismo tecnocrático,  concomitante a nuestros tiempos y del cual, la educación convencional (sea tradicional, moderna o posmoderna) no está exenta, las pedagogías de la conexión brindan la posibilidad de activar los GPS internos de los estudiantes, maestros, comunidades, encender la WIFI de los territorios, y con el concierto de todas estas energías y fuerzas emergentes y conscientes, empezar a configurar redes de conocimiento y comunidades de práctica para el beneficio de los seres, las comunidades, la humanidad y todos los ecosistemas.


Las pedagogías de la conexión buscan fortalecer la confianza y la dignidad de las personas. Una tarea esencial y desafío de esta meta-pedagogía, consiste en crear ambientes acogedores, seguros y bellos, para honrar nuestras singularidades (potencialidades), tejer las abundancias y reconocer nuestras interdependencias con el medio, las personas, los seres vivos y todo el planeta. 

 

Estas estrategias de conexión y de cableado personal y social, buscan hallar con precisión las coordenadas donde habita el sufrimiento individual y lo explora sabiendo que éste está relacionado a traumas familiares, sociales (generacionales) e históricos: buscamos entonces conectar, integrar los aspectos rotos de la existencia y la humanidad porque sabemos que al hacerlo podemos tener mayor inspiración, libertad e innovación. Las pedagogías de la conexión emergen fruto de la escucha profunda, de la intimidad con las verdades, de la atención a las necesidades del otro, a las señales del cuerpo y a los mensajes y sabiduría que proporciona el trabajo con las emociones oscuras.

Advierten algunos de los precursores de estas pedagogías relacionales, del despertar mutuo y del potencial humano, que el aprendizaje involucra prácticas integrales de vida: cuerpo, mente, espíritu y sombra y que todos tenemos la oportunidad de tejernos de nuevo, de seguir creciendo juntos, fortaleciendo las relaciones y los entornos (holones sociales) donde día a día residimos: cuerpo, casa, barrio, localidad, nación y universo.  

La coherencia interna (nuestra energía equilibrada) que logramos en nuestros encuentros, crea un campo, un efecto de resonancia que afecta las células, órganos, cuerpos y sistemas y es la base y asiento de muchas de las transformaciones colectivas. 

 

Las pedagogías de la conexión trazan un nuevo cableado a partir de la sinceridad, la belleza y la bondad. En esta trenza se articula la dimensión personal, interpersonal y transpersonal; lo personal, lo profesional y lo ciudadano. Esta danza a tres pasos, forma otras tríadas: lo que llamamos la trinidad de las  3C: conexión, comprensión y co-creación; alma, tierra y sociedad; corazón, mente y manos; ser, hacer, pensar, convivir; arte, ciencia y tecnología.

 

Las pedagogías de la conexión son altamente contagiantes, inspiradoras y estabilizadoras de los sistemas nerviosos alterados; además de que ayudan a fortalecer el auto-conocimiento, la empatía entre las personas, modificar las formas de conversación, resolución de conflictos, los intercambios que se ejercen a través de los encuentros van  enfocados a realizar innovaciones sociales en la educación a partir de lo que Mónica Sharma denomina, respuestas conscientes de espectro completo, es decir, para nuestro caso: el diseño prototipos que involucran dimensiones interiores, comportamentales, sociales y culturales

 

Las pedagogías de la conexión brindan un suelo fértil para el diálogo de saberes, la humildad epistémica y para el despliegue en los territorios de los sueños individuales y colectivos, esto con la intención de aumentar los aportes conscientes para transformar hábitos culturales. El patrón y movimiento de las pedagogías de la conexión, opera en ciclos iterativos de lo singular a lo plural; de lo interior a lo exterior; de lo individual a lo colectivo; del cuerpo sentido, al territorio cultural; del sentipensar, al prototipar, todos estas transiciones, exigen una escala local, una comunidad y una gran apertura  para vehiculizar y testear las propuestas innovadoras.

 

En estas pedagogías no es exclusivo el diseño de contenidos y un énfasis especializado en un saber disciplinar, quizá lo fundamental y aspecto más clave se refiere a la configuración del contenedor y el continente, a la arquitectura o escultura social y el paisaje; el pasaporte y el viaje, que debe tener un mapa actualizado e integral, una brújula suficientemente sintonizada y un cuerpo atento y presente, para que allí pueda emerger lo inédito, la confianza, el compromiso, la improvisación, el trayecto-proyecto, la descarga del material acumulado (residual) y la medicina o el aprendizaje pertinente para cada alma individual. 


Las pedagogías de la conexión (o del alma), son como una fiesta, un juego, un ritual, un concierto, una ceremonia sagrada, una experiencia donde los sentimientos de libertad y responsabilidad fluyen, se amplifican y entrecruzan. La impronta en muchas de las actividades relacionan las artes (la expresión), la filosofía, enmarcada en la visión, la intensidad, la profundidad de la pregunta y el pensamiento crítico-sistémico (la comprensión), la espiritualidad (trabajo interior, limpieza y activación del campo relacional) y el diseño social o cultura de prototipado (co-creación). 

 

Las pedagogías de la conexión también ofrecen un suelo nutritivo y acogedor para trabajar con la polaridad, esto significa, intimar con la luz y sombra, con el material favorito y el rechazado, incluso mayoritariamente con el polo que negamos, casi siempre por miedo a lo que podemos encontrar allí de nosotros, nuestra sombra y material reprimido. La conexión se da a partir de la unidad y valor recíproco de cada polo y se activa en la alquimia transformadora de las conversaciones y encuentros. 

 

En las pedagogías de la conexión, todos son maestros y estudiantes, expertos y amateurs, excepcionales y discapacitados. Aún cuando siempre hay algún rol de facilitador u orientador, la partitura que se comparte y que muchas veces emerge,  a posteriori, es siempre singular, para que cada quien se involucre desde su historia, su ritmo, su groove, su estilo y su marca personal. La partitura necesita antes de construirse, que el equipo esté sintonizado, atento y con capacidad de presencia, además de llevar un propósito desafiante, una intención compartida, y que tenga la confianza en escuchar con compasión y humildad, de estar abiertos a dar y recibir, y que esté consciente de sus sesgos y prejuicios. Antes de llegar a lo colectivo, cada quien, en su soledad más prístina afina su instrumento, realiza prácticas de higiene interior y algunas prácticas espirituales, para que la banda sonora que se configura en cada encuentro sea una sinfonía sublime y bella que a todos nos nutra y nos sorprenda. 

 

Las pedagogías de la conexión suponen una relación muy consciente de cada instante y de cada momento, donde siempre están invitando al no saber, a las utopías relativas, a la conjetura informada, a participar en conversaciones más profundas y en círculos de intercambio de energía e información más amplios que el de la pareja o núcleo familiar, es decir, estas pedagogías invitan finalmente a una participación política en un movimiento social global y a mayores niveles de liderazgo y activismo sagrado en nuestras comunidades.

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