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miércoles, 4 de agosto de 2021

Anécdotas tragicómicas. (III PARTE)

Terminábamos la II parte comentando la importancia de la buena vecindad. Las buenas noticias son que a partir de la organización de la comunidad y de algunas solicitudes previas, hemos logrado apoyo de la Alcaldía de Choachí (para diciembre-enero), tiempo de verano, para el arreglo de la carretera; también se realizó hace unas semanas atrás una Minga con los vecinos para limpieza del barro de las partes críticas de la vía y hemos colaborado en apoyos mutuos con vecinos transportando cosechas de tomate de árbol. No obstante, no faltan las tensiones y los temperamentos dominantes e impulsivos de algunos de los habitantes (yo mismo me he visto sucumbir ante la ira desbocada), pero el propósito es mantener la cordialidad y fomentar las buenas relaciones con todo y todos.

Aún cuando son muchas las emociones sublimes y a su vez incalculables los aprendizajes que se derivan de la construcción de la casa, también van de la mano las tensiones, las dificultades, las emociones densas, el estrés, las ansiedades, el cansancio, los dolores, cayos, cortadas, machucadas y el  agotamiento físico, de querer estar después de una larga jornada, “cinco minuticos más en la cama, cinco minutos más”, como canta Marinah (la maravillosa cantante de Ojos de Brujo)...curiosamente mientras escribo, caigo en cuenta de que tengo puesta la camiseta serigrafiada con su imagen, que me hice de ella en Barcelona hace más de 13 años y que aún sigue intacta, igual que su encantadora música.

Confieso que quisiera irme ya a descansar, pero igualmente me atrae también este momento y la posibilidad relajante después de días de tanta acción, de hacer aflorar la escritura, seguir hilando la experiencia, la 3a fase de la construcción (fase de terminado de montaje de techos y acabados); hace una noche silenciosa plena, donde la luna llena coquetea con su velo amarillo entre follajes y donde la bruma de las nubes se ha disuelto marcando la silueta de la montaña, en un susurro anticipatorio de nuevos días que abren nuevas añoranzas y desafíos.

Como contaba en la anterior entrega, hacer una casa en una montaña alejada de la ciudad, en una zona rural que tiene dificultades de acceso, un camino real antiguo que no se interviene desde hace décadas y que cuenta con mucha humedad, precaria canalización de las aguas de escorrentía, poca iluminación y ventilación, es todo un reto la subida de materiales. Después de subir y bajar muchísimas veces, he encontrado la manera de sortear las dificultades, aún cuando vuelvo y reitero, lo más efectivo ha sido el apoyo de todo el equipo en cualquier situación complicada. Creo que puedo ya participar como actor o quizá de extra en películas de acción, ya el curso lo he completado, me he graduado, subiendo casi el 90% de los materiales, no tengo idea de cuántas horas he reptado en la montaña. Quien quiera estar en el curso que de señales de humo, que estaré en la jugada. Algunos aseguran que he alcanzado las 6 estrellas, otros dicen que ya no soy Topiño sino el mismísimo Michelin.


Pero no nos vayamos por las ramas y por lo caminos, más bien, hablemos de nuestra gata, Violeta, (también conocida como Viole, Achévez, Tita-humberta, Chepes, de-Violetica, del-bebé, tíachepes, trelbebé)  una integrante más de la familia, de la que poco hemos contado sus aventuras. El primer día que empezó la construcción, nos la trajimos, pensando que nos iba extrañar, que no se iba alimentar bien y dado que planeábamos estar más de un mes en la construcción de la casa, optamos por venirnos e integrarla a la Minga. 

He de contar que son muchos los rituales que uno crea y aprende en los espacios cotidianos con sus mascotas; uno que me gustaría contarles, es el instante cuando me levanto de la cama y voy de camino a la ducha… Violeta, la gatica negra hermosa, que Iara María trajo una tarde en un cajita de cartón de su colegio cuando estaba en su último año de primaria en la EPE, avanza primero, guiándome al lugar donde está su comida, como tendiendo un tapete rojo invisible…ella siempre llega primero. Le doy un poco de comida, cierro la puerta del cuarto de baño y me meto a bañar. Al momento de secarme, ella está al frente de la ducha sentada, mirándome perpendicularmente, al ver como me seco todo el cuerpo, da regularmente dos o tres pasos, hace un movimiento de estiramiento de yoga, algo así como la postura de perro boca abajo, se acerca y salta hacia a mí para que le ponga una cuantas goticas de agua en su cuello, allí es cuando agita su cuerpo, se espabila y se dispone a desayunar. A veces, al final de la ceremonia, opto por sentarme junto a ella, mimarla, siento que igual que a nosotros, nos gusta comer acompañados.

El primer día fue muy difícil para ella, es la primera vez que nuestra gata sale fuera de la casa. Las pocas veces que lo ha hecho, ha sido menos de una hora y de visita corta al veterinario, pero esta vez, evidentemente ha sido su viaje más extenso. Cuando salimos hace un mes, en la mañana con todo el combo de trabajadores  desde nuestra casa en el Barrio Armenia, en el carro mientras la cargábamos, a la altura del Marqués del Once, se hizo popó, estaba muy asustada y con incertidumbre y miedo, y cuando llegamos a la finca, estuvo encerrada en la habitación debajo de la cama una semana. Solo salía cuando estaba con nosotros a oscuras en la cama y allí se disponía a comer algunas pepitas, la comida de salmón húmeda y blandita que es la que más le gusta. 

Pasado este tiempo y después de mapear los sonidos, las voces del campo y también de gente desconocida que integraba su nuevo entorno, asomó una noche, mientras todos cenábamos, mostrando sus dos ojitos verdes por la puerta, como si ahí estuvieran los límites de lo conocido y dando la aquiescencia y muy circunspecta se presentó. Ya el fin de semana que estuvimos solos (María José y Yo), Violeta salió a tomar unos rayitos del sol, a cazar insectos, comer pasto y a mirar con sigilo cómo descansan las vacas. Ahora está arrunchada en mis piernas, se levanta al menor sonido en el tejado, todo le atrae, la vida en el campo, viendo cómo escribo su historia y me hace unos guiños como de querer salir a encontrarse con la fauna y flora nocturna. Pero no lo hago y espero. La miro y ella sigue dándome motivos para seguir escribiendo. He intentado grabarla, pero cuando lo hago se queda inmóvil, al acecho, a la expectativa. He visto cómo anda con su cola aplanada y su mirada cómo difiere cuando está en un lugar seguro y conocido y en otro que es nuevo para ella. Al verla explorar, pienso en los aprendizajes tempranos de los bebés y del tan aclamado y necesario apego seguro.

En estos 23 días de obra, solo dos días ha habido pleno sol, el 20 de julio, el día “de la independencia”, donde por cierto, hubo marchas en todo el país, y paradójicamente, un gobierno (como portavoz el presidente) instalando el nuevo periodo del congreso diciendo muchas mentiras, hablando de un país que no existe; y el otro día soleado fue el 25 de julio, en el que tuvimos una tarde espléndida, nos acompañó Patricia, la Mamá de María José, Iara María con una amiga que conoció en su estadía en San Diego.

Pero había prometido hablar de las dificultades, los instantes de peligro y alguna que otra peripecia riesgosa y tragicómica. Aquí van algunas.

  •        Cuando íbamos en el carro con más de 1mt de mixto y quedamos en la falda y curva más difícil de la vereda con las dos llantas levantadas. Alberto, quien me acompañaba, se baja preocupado y me dice que frene de inmediato, pongo el freno de pie rápidamente, él se baja rápido y descarga peso para quedar de nuevo estable sobre la carretera y poder seguir nuestro camino. 
  •        Después de construir un dispositivo hechizo, low-tech, soldado a la camioneta con piezas de metal con el fin de subir techos, pisos y drywall, nos disponíamos con la mejor intención a empezar a subir los materiales, no llevábamos más de 500 metros en la carretera destapada, cuando toda la estructura se despegó, rompiéndose las uniones soldadas. Nos miramos todos con angustia y perplejidad, después de una inversión onerosay saber que finalmente todo colapsó. Nos miramos y sabiendo lo delicado que es el drywall, decidimos empezar a subir las placas de a 4 o 5 máximo.
  •       Otro día, de noche y cargado a tope, y en una carretera escarpada, inclinada y llena de barro, mientras más aceleraba más cerca quedaba a un barranco; llegado al límite, mientras unos subían al carro con gato yo con una linterna de cabeza, me dispuse con una pala a romper piedra de la ladera para ponerle a cada una de las llantas y así poder arrancar.
  •        Otra vez mientras subíamos de noche las vigas IPE y los perfiles, sentí que estos iban a romper el techo de la camioneta y perforar la lámina. Subí muy preocupado, cuando menos pienso, veo una luz, luego unas manos, y cuando enfoco encuentro un cuerpo flotando adelante, era Estiven, colgado y aferrado en la punta de los metales, sosteniéndose como una araña para hacer contrapeso y hacer que el impacto aminorara. Esta acción, junto con la subida a la copa de un pino con el fin de tumbar ramas y a amarrarlo previo al derribo, fue una de las proezas más asombrosas y angustiantes.
  • Otro día subiendo costales de cemento, a Alberto se le entró mucho polvo dentro de la oreja, en la noche contaba con tono de preocupación, que escuchaba lejos como cuentos de ultratumba, como si estuviera dentro de un hueco profundo. Otra escena que me dejo frío, sacando el carro de un pantano, al hacer fuerza quedaron sus dedos machucados entre una estaca con alambre de púa y el peso de la camioneta. Inmediatamente frené. Este fue un susto tremendo, quedé mareado.
  •       Después de comprar las placas en Soacha y ya cansados, elegimos una ruta alterna, que aún cuando era más larga, se podía andar, ya que la vía principal para el ingreso a Bogotá por el sur es bastante tediosa. Andamos conduciendo perdidos por las montañas de Soacha, una zona donde abunda la extracción indiscriminada de materiales para construcción y empezamos a dar vueltas por recovecos, pensando que estábamos acortando camino; después de andar y de dar vueltas por unos barrios e invasiones que se veían bastante peligrosas y donde de algunos garajes miraban algunas personas vigilantes, mirándonos como sospechosos, encontramos caminando a un hombre joven que tenía una mirada penetrante, vestido deportivo, auriculares y con zapatos blancos relucientes…. tonces qué mi perrito, le dice uno de los trabajadores que me acompañaban, cómo hago para llegar a Potosí, mi ñero…el hombre que caminaba, hace unos movimientos como los del chavo cuando le da la chiripiorca, se acerca bastante a la ventana, mira fijamente a Alberto por la venta, él aleja el celular, en el cual minutos antes, buscábamos sin algún resultado, orientación por internet y le dice mi perro, señalando con la mano derecha las indicaciones. Al arrancar, el hombre dice, que si lo llevamos, Alberto dice rotundamente que no… yo acelero y después él se arrepiente y dice, camine pues, móntese móntese de una… salta a la camioneta, como en escena de película de acción y entra mi preocupación de que viéndonos perdidos pueda hacernos daño o avisarles a otros que estamos perdidos… yo guardo silencio y me preocupo, trato de ocultar mi angustia, pero afortunadamente a los 10 minutos chifla duro, le da golpes duro al carro y dice, paren aquí…el hombre salta, y yo intento acelerar, pero al ver al hombre correr hacia nosotros y siendo la carretera muy difícil para acelerar cargados, bajo la velocidad y chocan los puños en sentido de agradecimiento, en la wena ñero.



 
 Otras a
nécdotas de la obra ( a modo bonus track):

  •        Una vez en una Minga de Limpieza de barro y puesta de piedra en la carretera, dice uno de los trabajadores: vengan y rompemos esta piedra, señalando el camino de los muros de predios vecinos para ponerlos como recebo en la carretera. Los trabajadores que nos colaboran en la finca, señalan rotundamente, ni se le ocurra
  •       Ahora llevo más de un mes en que no leo nada, acostumbrado a leer como mínimo 2 horas diarias, mis lecturas ahora son los siguientes listados, a veces los repaso antes de acostarme: 2 discos tungsteno continuo, 4 brocas ¼, 10 tubos eléctricos, 1 caja de supermástik, 2 cajas de puntillas, 2 cinta manto, 1 caneca de emulsión, 100 ladrillos, 1 cinta filo, 8 tejas, 1 bulto de yeso, 50 amarres para teja, 1 tijera de lámina, 8 bultos de cemento, 8 bultos de arena, 80 bloquelones, 2 tubos de silicona, 40 tornillos brocados…
  •       Una de las noches, en la habitación contigua, donde dormían los trabajadores, escucho en la madrugada un monólogo largo, en donde parecía discutirse en un tono alto y enfático; lo curioso, es que quien hablaba preguntaba y respondía al tiempo, combinado con una sarta de expresiones enfáticas, de “gorronea” pa arriba. Yo asustado me preocupé…abrí los ojos aunque al rato me tranquilicé…Al otro día hablando con él, pregunté, pero él me decía que siempre va por adelante, pensando lo que viene, así que cuando está en obra y está exhausto, en la noche ronca y habla muchísimo, definiendo en sueños lo que necesita que pase al día siguiente. Al contarle a Jenny, su esposa, corroboramos y señaló: ése no puede esconder secretos.
  •        Dylan, un niño campesino de 10 años, quien es el hijo de John, el cuidador de la finca, después de convivir una semana con los trabajadores, en el momento de despedirse de su papá, le va diciendo, en la wena cucho…todos nos morimos de la risa.
  •        Los trabajadores interpelándonos con asombro en una de las primeras comidas: ¿Ustedes desayunan esto? El desayuno era chocolate arepa, una pequeña porción de huevo y fruta. Y cuando nos contaron lo que les gustaba, precisaban más porción y siempre que no falte el arroz, el calentao, tajadas, huevo, arepa, sopa; ellos se emocionaron mucho cuando cocinó Jenny (la esposa de Alberto), les daba más cantidad y una sazón que a ellos les fascinaba, también siempre en las mañanas caldo menudencias, en el almuerzo, corazón y carne frita, sonrisa sudada, frijoles y los papeles se invirtieron, ahora éramos nosotros los asombrados, para mí, al no alcanzar a gastar toda esa energía ya empezaba yo en pocos días a engordarme.

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sábado, 10 de julio de 2021

Crónica de la construcción de nuestra Casa en el Valle del Amor (I PARTE)

Ha sido una semana intensa, hermosa y de mucho aprendizaje. Una de las semanas más bellas de mi vida, unos pocos días e instantes, donde el aprendizaje rezuma y sintetiza años, incluso décadas. El 2 de julio de 2021, iniciamos junto a mi  compañera Maria Jose Salgado y 5 trabajadores más (dos nativos de la vereda y 3 bogotanos: un armador de prefabricados, un maestro de obra y un ayudante), una Minga de construcción de nuestra casa, un sueño fraguado desde hace meses con intenso anhelo (catalizado por la Pandemia actual) en el Valle del Amor, predio que está ubicado en la zona del Oriente de Cundinamarca, específicamente en la Vereda “El Púlpito”, en el Municipio de Choachí, sector más conocido como “El Ruchical”. 

Equipo de Construcción
Después de muchos ires y venires, semanas de producción, de cotizaciones, exploración de sistemas constructivos, entrevistas con carpinteros, obreros, maestros, arquitectos, ingenieros y familiares; después de la siembra de los 40 árboles (ritual que realizamos con amigos en mi cumpleaños número 40) y el desmonte y reciclaje de una casa prefabricada, en la Montaña Compartida y posterior a la visita de proyectos inspiradores y regenerativos realizados por amigos, tales como: Minkalab, Aldea Feliz, Monte Mama y Monte Samai, entre otros; decidimos dar un paso más allá y preparar todo para iniciar obra: intuíamos que necesitábamos integrar de nuevas maneras lo aprendido en la vida urbana y llenarnos de fuerza y alegría para emprender una aventura más osada y radical, enraizada y comprometida, una viaje más sentido, tranquilo y creativo: en conexión profunda con lo vivo y la naturaleza. 

Ya veníamos desde hace unos años sintiendo ese palpitar, cultivando con alegría y esperanza, en una suerte de ejercicio resonante y constante de hábitos y hábitats regenerativos que fortalecieron esta decisión, ese deseo de otra economía más ardiente y consciente… nuestro anhelo ya olía a bosque húmedo, océano de niebla y páramo, fuegos, cantos, Mingas, caminatas, susurros en la montaña, siembra y cosecha de alimentos, pequeños experimentos en clave de permacultura, vivencias de rituales ancestrales, la exploración sensible de sistemas vivos y puesta en juego de economías solidarias y del bien común.

Ahora que estamos en construcción de nuestra casa, percibo con mayor claridad, que a menudo los intercambios en la ciudad, sobretodo la vida en espacios superpoblados, se ven muchas veces ensombrecidos por la automatización, la rapidez, el facilismo y la desconexión de los procesos vivos, los ecosistemas y el contacto con la vida comunitaria. Parece que muchos de los intercambios y prácticas cotidianas en la ciudad, están diseñados para favorecer la desconexión, la pérdida de contexto de la ecología de las relaciones y de las interacciones sutiles y sistémicas que sostienen y regeneran la vida. Sospecho que esta distancia, acrecienta nuestra renuncia a ser parte del cambio, a anestesiarnos, habituarnos a tomar mucho y a dar y a entregar poco, sin darnos cuenta que entramos inconscientemente en la economía de la escasez, lo estrecho y por otra parte a engancharnos en modos de vida insostenibles donde prima la velocidad, el consumo, la deuda, la separación, las desigualdades y la alienación.

Después de 2 años tan intensos emocionalmente (2020-2021), donde transcurrieron por igual parte, tragedias, duelos, renuncias, muertes, aumento vertiginoso del desempleo, pandemia y emergencia de crisis globales, la invitación a replantearnos nuestra vida compartida se volvió prioritaria y urgente. Ya no podíamos ética y existencialmente hacer y ser los mismos. Algo profundo murió dentro de nosotros y a la par, algo nuevo se prestó a iniciar su rumbo, a echar raíces en un nuevo ambiente. Nuestros modos de habitar se vieron agitados en muchos frentes, problematizados radicalmente y muchas acciones que hacíamos consuetudinariamente se volvieron anacrónicas: perdieron su brillo, flujo y potencia. 

Fue necesario mirar de nuevo, recoger, soñar, crear, soltar, abrir nuevos cauces y re-imaginar el rumbo... también fue importante sanar, mejorar la conexión, sintonizar más profundo con el territorio, con las relaciones, los amigos, el inicio de otra danza y ritmo, integrar mejor lo aprendido y dar un salto a lo profundo de nosotros mismos; habitar otros espacios donde brota a cántaros el agua, donde el silencio resuena, donde las nubes danzan, un lugar fértil donde se viene enriqueciendo nuestro amor, nuestros sueños, esperanzas, el reverdecer de la vida comunitaria y la posibilidad de articular de maneras más audaces los saberes urbanos (académicos y experimentales), con los campesinos, los indígenas, los nativos y los de la artesanía, el hacktivismo y el trabajo por el bien común, es decir, la labranza del trabajo bien hecho y el resurgir de la inteligencia colectiva. A lo mejor, en esos encuentros y en esa diversidad de sabidurías, aspiramos se hallen posibilidades inauditas para el florecimiento de la naturaleza, la comunidad, la sociedad, la ciencia, el arte, la tecnología y los mundos humanos y no-humanos. 

Ha llegado el momento de salir de nuestras zonas de confort para ir hacia lo desconocido, el misterio, la profundidad, la belleza, lo salvaje, lo holístico y acechar y construir el nuevo arte y educación, que ya está dentro de nosotros, en nuestras huellas, andanzas, amistades, familias expandidas, ensoñaciones e historias compartidas.

Aquí llegamos a esta Minga en el Valle del Amor, después de haber cultivado un amor fecundo y palpitante... de habernos embellecido mutuamente, de haber tenido subidas y caídas, de haber retejido las heridas, curado los dolores, perdonado, realizado con arrojo un trabajo fuerte con las sombras personales y colectivas; nuestro amor ha sido una fuente infinita de aprendizaje en los 11 años que llevamos  juntos y todo sigue animándonos a descubrirnos en nuevos retos, en nuevas pieles, semblanzas, en el zumbido del colibrí y de las libélulas, aquí todo está fresco, vivo, sensual como el aire que a diario respiramos. Aquí llegamos después de intentar volvernos más sensibles y humanos, de haber re-encantado nuestra cotidianidad, después de nuestras Maestrías en la música, el arte, la investigación y la educación integral, el nomadismo pedagógico, de compartir nuestras naturalezas radiantes y salvajes, nuestros conocimientos y generosidad con todos. 


Aquí llegamos conscientes de nuestra fragilidad, vulnerabilidad y finitud. Estamos prestos a aprender de todo lo que vivenciamos, a fortalecer la comunidad y a inspirar modelos de desarrollo local-comunitario sostenible donde se integren las mejores sabidurías para el buen vivir y donde todos ganemos y florezcamos. Aquí llegamos para fundar un territorio de paz, sostenibilidad y creatividad, donde se abran espacios para la educación integral, el crecimiento del ser humano, el cuidado de lo vivo y el florecimiento de las relaciones con todo. Aquí llegamos para seguir despertando, compartiendo, sembrando y produciendo lo que mejor sabemos hacer. Aquí llegamos con humildad, respeto, para honrar la dignidad de todos los seres y ecosistemas, conscientes de nuestras ignorancias y lo poco que sabemos. 

Aquí llegamos para amar más intensamente, para fortalecernos y seguir produciendo espacios para la creatividad, el arte, la educación, la ecología y la conexión espiritual. Aquí llegamos para escuchar el bosque, el concierto estelar, para merodear y encontrar nuevas fuentes de inspiración para nuestros quehaceres cotidianos y proyectos creativos y educativos. Aquí llegamos para vivir, para seguir cantando y compartiendo los mejores frutos de la casa de hadas en devenir del Valle del Amor, un espacio que no tiene fronteras. Aquí llegamos para seguir honrando a nuestros ancestros, a todos los que nos precedieron. Qué seríamos nosotros sin los caminos andados por ellos?. Son muchas las implicaciones de este salto a la montaña, trayecto inmerso en nuevas economías, estéticas, políticas y reinvención de prácticas y oficios cotidianos. 

Aquí llegamos después de que Iara María, trasuntara en la danza, su vocación al servicio social, finalizado su último grado de bachillerato, el discurrir de viajes, la práctica deportiva constante con el ju jitsu (actualmente ella es cinturón morado y nos sorprendió este año con el 3er puesto en el Nacional que se realizó en Estados Unidos), unos despertares que han sido también fuente e impulso de nuestro nuevo hogar. Su vida e integridad nos enriquece a todos y ella es fuente especial de inspiración para este sueño en construcción.


Es mucho lo vivido y lo aprendido. Este amor sigue vivo y receptivo al cambio, a la utopía y a los aprendizajes y liderazgos que se avecinan. Algo nuevo está naciendo entre nosotros, una exhalación divina, un perfume a bosque, una casa en el cielo, un jardín en el mar, un amor encendido, un volver a empezar. Hoy me siento profundamente enamorado de ti y de todo lo que nos rodea.

Como pueden olfatear, son muchos los aprendizajes y las cortezas advirtiendo el camino del amor. Mucho aún por procesar, no obstante, como hemos visto, no surge de la nada, sino que es parte de un gran rizoma, una historia en construcción, un proceso interno-externo intenso, una vida orientada a la reflexión, a la auto-trascendencia y al asombro.

Otras raíces de nuevos aprendizajes:

- El potencial del trabajo colectivo. Todos los trabajos importan, son necesarios e iguales en dignidad. La admiración por el saber, oficios y sabidurías de los artesanos, obreros y campesinos y del trabajo bien hecho. El valorar saberes, tecnologías y oficios que en el ámbito social y urbano son desconocidos y a veces vistos como de poca monta, la mayoría de veces mal pagos, como los domésticos y del sector de la artesanía y la construcción.

- La consciencia de las interdependencias en clave de la salud de todos los ecosistemas.

- El reconocimiento de los privilegios y de las ignorancias en muchos aspectos de la vida, especialmente en la vida rural y en el dominio de la construcción.

- Que todos tenemos talentos que orquestados en conjunto, se convierten en una fuente de inteligencia colectiva: allí reside el poder de la vida comunitaria y de las obras en clave del bien común

- Para hacer una casa se necesita en iguales proporciones, soñar, planear, diseñar, pensar, ejecutar, celebrar y agradecer. Es en esencia un trabajo holístico.

- Realizar una labor diferente a las que realizo cotidianamente (mi trabajo es mayoritariamente intelectual) me ha puesto a valorar y a reconocer otros trabajos, que no había tenido la oportunidad de saborear y de realizar, pero que con la nueva vida en el campo necesito ejercitarme más. Estamos ad-portas de un equilibrio en las forma de habitar y vivir.

- Poder convivir con un equipo diverso ha sido un reto y una oportunidad para acrecentar la empatía y ensoñar de nuevo otras prácticas pedagógicas fundadas en proyectos, donde el intercambio, el trabajo en equipo y la convivencia sean ejes centrales. 

- El amor mueve montañas, permite reinventar, acechar lo nuevo, hacer que la vida  cobre mayor sentido, potencia e inspiración.


Valle del Amor

Vereda “El Púlpito”- Choachí.

(2 al 10 de Julio de 2021)



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