La práctica del "escrache" aparece muchas veces allí donde las instituciones fallaron, como un grito cuando los canales de escucha, reparación o justicia parecen cerrados o insuficientes. …en muchos casos expresa daños reales, silencios acumulados y experiencias de impotencia. Sin embargo, cuando el conflicto queda atrapado únicamente en la lógica de castigo público, algo más ocurre, tanto quien denuncia como quien es denunciado pueden quedar fijados en identidades rígidas —víctima absoluta y monstruo absoluto— sin que necesariamente aparezcan verdad, responsabilidad, reparación o transformación.
Las redes sociales intensifican esta dinámica porque operan mejor con veredictos inmediatos que con procesos complejos. El escrache produce exposición, circulación afectiva y claridad moral instantánea. Hay una sensación de comunidad en la indignación compartida, por un momento, el grupo parece saber exactamente dónde está el mal. Pero esa expulsión suele generar cohesión momentánea más que comprensión profunda de las condiciones que producen violencia. El problema estructural corre el riesgo de condensarse en una sola figura visible.Y entonces la justicia comienza a confundirse con otra cosa, no sólo el deseo legítimo de reconocimiento y protección, sino también el impulso arcaico de devolver la herida, de hacer sentir al otro el dolor sufrido, de expulsarlo simbólicamente del mundo común. Sin embargo, el sufrimiento del otro no siempre repara el propio sufrimiento. A veces sólo prolonga la lógica de la devastación.
Tal vez uno de los mayores problemas culturales de nuestro tiempo sea la dificultad para imaginar responsabilidad sin aniquilación. Parecemos oscilar entre dos extremos: la impunidad o la destrucción moral absoluta. Pero cuando una sociedad identifica completamente a una persona con su peor acto, la posibilidad de transformación se vuelve casi impensable. Ya no existen procesos humanos; sólo marcas permanentes.
La pregunta incómoda permanece abierta: ¿qué hacemos con la posibilidad de transformación de las personas? Porque una cultura que pierde toda fe en la transformación termina sabiendo únicamente castigar o expulsar. Y una sociedad que sólo sabe expulsar quizá logre administrar la culpa, pero difícilmente aprenda a transformar las condiciones que producen el daño.


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